martes, 31 de marzo de 2026

ENTRANDO AL CAMINO

         Al principio del capítulo tercero (La Acción), Arjuna le pregunta a Krishna:

¡Oh, Krishna! Si tu enseñanza es que el desapego es superior a la acción, ¿cómo entonces me pides que ejecute la terrible acción de la guerra? Cap. 3 verso 1.

En esta contradicción de tus palabras, mi mente encuentra confusión. Aclárame, te lo ruego, ¿por qué camino puedo alcanzar lo Supremo? Cap. 3 verso 2.

          Nuestra dificultad para separar el mundo sensorial, del ego y del deseo, del que soñamos y anhelamos, radica en nuestro entendimiento de las palabras que hombres como nosotros han escrito hace miles de años, las cuáles hemos leído y estudiado, sin llegar a situar la mente, en disposición de percibir ese Dios que hemos creado en sueños e ilusiones, para convertirlo en realidad manifestando la Humanidad que no es nuestra, sino lo que somos.

Antes te he hablado, ¡oh! príncipe sin mácula, de dos caminos que conducen a la perfección, el de la sabiduría de los Sankhyas, Jñana Yoga, y el camino de la acción de los yoguis, el Karma Yoga. Cap. 3 verso 3.

El desapego en la acción no es alcanzable mediante la pasiva inactividad. Ni la suprema perfección es alcanzable por la mera renuncia. Cap. 3 verso 4.

Pues el hombre no puede estar inactivo ni por un momento. Todo es impulsado a la acción irremediablemente por las tres fuerzas de la naturaleza: los tres Gunas. Cap. 3 verso 5.

Aquél que se abstiene de la acción, mas no aparta su mente de los placeres de los sentidos, vive en la ilusión y es un falso seguidor del Camino. Cap. 3 verso 6.

          Los dos caminos hacia la perfección, uno comienza en la sabiduría, que no en el conocimiento. Entendiendo como sabiduría, todo aquello que nos hace Uno con el Universo y con Dios, aprendiendo desde nuestros errores a ver el ego y el yo, que nos separan de ambos. La Vida y el Universo, son Sabiduría, no tienen conocimiento de sus individualidades, sino del equilibrio de todas ellas en Su Manifestación, y en la aceptación de ser aquello que cada individualidad es.

          El otro es el de la acción en este mundo dual, toda ella encaminada a manifestar a Dios y servirle. Desprendiéndose del ego y del yo en la acción y la inacción.

          Lo que debemos tener presente que este primer paso, debe continuarse con cuantos sean necesarios, para diluir esa separación que sólo nosotros percibimos, origen del ego, la ambición y la codicia, que nos lleva a culpar a la mente y los demás, en la esclavitud que padecemos hacia nuestro ego, creada desde la Libertad con la que nos manifestamos en este Universo.

          No podemos negarnos a realizar nuestra función, por comodidad, miedo al error o la inseguridad. La no-acción del budismo, no es inactividad, sino al igual que el corazón y los átomos no dejan un solo instante de ser y manifestar lo que son, nuestra función carente de ego, es llamada la no-acción al no haber un yo realizándola, parecido al latido del corazón, que no es una actividad suya, sino que pertenece a su Naturaleza.

          Pensamos y creemos que la realización de una función, debe estar dirigida a un resultado, a algo deseado o que pretendemos crear como nuestra obra. Pero en realidad, nuestras acciones y omisiones, nuestra actividad y culpar a los demás de los resultados, es simplemente la creación del Universo en el que existimos: Sea este del Uno si nos manifestamos correctamente, o la separación de cada individualidad de las demás si nos manifestamos esclavizados por el ego que tenemos que crear, alimentar y cuidar, para que controle nuestra manifestación de confrontación, carente tanto de Humanidad como de Dignidad.


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