El principal es el yo, pues es en su
entendimiento y uso, lo que determinará la sociedad, la vida y el Universo
donde desarrollaremos nuestra existencia.
Cuando oponemos el tú al yo, entramos
en la separación de las mitades, lo que nos creará un cielo y un infierno, que
determinarán los extremos en los que se moverá el péndulo de nuestra
existencia. Si al yo le unimos el ego, nuestra existencia se moverá entre el
sueño del cielo y la realidad del infierno.
Es la misma situación, cuando oponemos
el nosotros-vosotros, que creará el ellos, al igual que el yo-tú, crearía el
él.
Los extremos filosóficos, entiendo que
enseñan, que el opuesto al yo debería ser el nosotros, que nuestro vivir
tendría la Meta de transformarlos en YO.
El yo, necesita un opuesto, otra mitad
que le lleve al nacimiento del Uno, pues solamente el Uno tiene los Opuestos de
la Dualidad. Por lo que los pronombres de las religiones, nos hablan del uno, que
busca su otra mitad, que sólo puede ser alcanzada uniendo todos los yo en un
nosotros.
Cuando no hay separaciones entre ambos,
estamos creando la semilla del Uno, que se manifestaría como SER, que haría que
existiríamos siendo y manifestando lo que somos, como parte del Uno o Todo.
Entendemos que ese Dios que llamamos
el Ser, es una entidad que nos ha creado como una mitad separada de Él, pero el
Dios que yo entiendo, es ese nosotros manifestado como YO, en el que
desaparecen los yo individuales, el nosotros como parte de ese Todo, y podemos
manifestarnos como un YO, en el que cada parte o individualidad realiza su
función correctamente.
Cuando se dice de algo Correcto, es
porque es justo y la Justicia es una de las funciones o partes del Amor. Un YO
de Amor, no encuentra separación entre sus individualidades, porque todas y
cada una, se entrega a ser lo que las demás son.
Eso es lo que el Uno, la
Individualidad, hacen para poder ser llamadas Dios: Ser Todo, sin que puedan
percibirse unas individualidades a otra o el nosotros al Uno.

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