En un gran número de explicaciones de
la Meditación practicada en artes marciales, se habla de combatir la sombra del
luchador. Se trata de aprender a no combatir. Aparentemente, siempre se camina
entre dos opuestos, sin que el Maestro nos diga cuál es el correcto.
Obedecer al Maestro, puede significar
que seremos expulsados de su lado, de su enseñanza. Desobedecer al Maestro, puede
significar ser expulsado de su lado, de su enseñanza.
La Meditación lleva a la entrada del
Camino, pero ni la Meditación ni el Maestro, pueden indicarnos cuál es la forma
correcta de caminarlo. Sin entrar no podemos caminar, si entramos no hay
caminante, por lo que es imposible encontrar indicaciones o huellas, en un
Camino que hay que recorrer, sin embargo, nadie ha penetrado en Él, nadie lo ha
caminado.
Es algo que contradice los libros, que
nos introduce en un laberinto de dudas, que nos dice que lo mejor es no
intentarlo, que es mejor encontrar un maestro que nos diga, indique y explique
cómo debemos entrar y caminar en el camino de sus enseñanzas.
La única huella que hay en el Camino,
es la de nuestros pies justo donde estamos pisando, por lo que no podremos
verla. Pues para entrar hay que existir en el Ahora.
La Meditación nos recuerda que somos
luz, por eso lo único que nos impide entrar en el Camino, es nuestra sombra. La
Luz no tiene, ni produce sombra. ¿Por qué la tiene el meditador?
La sombra es la de nuestro yo, la de
nuestro ego, que se mantiene visible situándose por delante de la Luz. Por lo
que al mirar al frente, sólo podemos ver la oscuridad que produce nuestro ego. Al
no ver la Luz, creemos que hay que encontrarla dentro de la oscuridad, lo que
nos hace profundizar en nuestro ego, siendo quien realmente vive y manifiesta
lo que creemos ser.
La Meditación busca la Iluminación,
pero por el camino más directo y simple: “Desaparecido el ego, sólo queda la
Luz”, todo está Iluminado incluso el meditador cuando deja de meditar, pues
cuando meditamos el que se sienta es nuestro yo.
Esa es la lucha, el combate que
transmute nuestro yo en Yo, nuestro ego en la Seidad del Todo, pues no se trata
en penetrar en algo o meditar, la Vida, el Universo y Dios son el SER.
La Meditación no es para meditar, sino
para ser Meditación. No se trata de que nuestro ego o yo penetren en un camino
y se purifiquen al caminarlo, sino en Ser el Camino, sin algo que pueda entrar
en Él o caminarlo.
Pero hay que encontrarlo, hay que
meditar, hay que caminar eternamente, para realmente regresar al origen, a la
Realidad de que somos Buda, de que siempre lo fuimos, de que somos Luz y sólo
nuestro ego nos impide conocerlo y aceptarlo, por lo que necesitamos crear
sucedáneos que nos permitan ver en la oscuridad creada por nosotros, para ver
lo que nuestro ego nos muestra.
Iluminación no es convertirnos en algo
diferente, sino encontrar lo que realmente somos. Nuestra huella, no es lo que
hemos hecho nosotros, sino la sociedad y el Universo que dejamos.
Buda no deja de serlo, el Universo no
deja de ser lo que Es, pero nuestra ambición, egoísmo, ignorancia y separación,
nos impide ver lo que somos, para manifestarnos y crear: “Guerra, corrupción,
abusos, violaciones, y una sociedad carente de humanidad”, algo que todos
rechazamos, pero hemos estado creando, durante nuestra existencia en la Tierra.




.jpg)







.jpg)