¡Oh, Krishna! Si tu
enseñanza es que el desapego es superior a la acción, ¿cómo entonces me pides
que ejecute la terrible acción de la guerra? Cap. 3
verso 1.
En esta contradicción
de tus palabras, mi mente encuentra confusión. Aclárame, te lo ruego, ¿por qué
camino puedo alcanzar lo Supremo? Cap. 3 verso 2.
Nuestra dificultad para separar el
mundo sensorial, del ego y del deseo, del que soñamos y anhelamos, radica en
nuestro entendimiento de las palabras que hombres como nosotros han escrito
hace miles de años, las cuáles hemos leído y estudiado, sin llegar a situar la
mente, en disposición de percibir ese Dios que hemos creado en sueños e
ilusiones, para convertirlo en realidad manifestando la Humanidad que no es
nuestra, sino lo que somos.
Antes te he hablado, ¡oh! príncipe sin mácula, de dos
caminos que conducen a la perfección, el de la sabiduría de los Sankhyas, Jñana
Yoga, y el camino de la acción de los yoguis, el Karma Yoga. Cap. 3 verso 3.
El desapego en la acción no es alcanzable mediante la pasiva
inactividad. Ni la suprema perfección es alcanzable por la mera renuncia. Cap. 3 verso 4.
Pues el hombre no puede estar inactivo ni por un momento.
Todo es impulsado a la acción irremediablemente por las tres fuerzas de la
naturaleza: los tres Gunas. Cap. 3
verso 5.
Aquél que se abstiene de la acción, mas no aparta su mente
de los placeres de los sentidos, vive en la ilusión y es un falso seguidor del
Camino. Cap. 3 verso 6.
Los dos caminos hacia la perfección, uno
comienza en la sabiduría, que no en el conocimiento. Entendiendo como
sabiduría, todo aquello que nos hace Uno con el Universo y con Dios,
aprendiendo desde nuestros errores a ver el ego y el yo, que nos separan de
ambos. La Vida y el Universo, son Sabiduría, no tienen conocimiento de sus
individualidades, sino del equilibrio de todas ellas en Su Manifestación, y en
la aceptación de ser aquello que cada individualidad es.
El otro es el de la acción en este
mundo dual, toda ella encaminada a manifestar a Dios y servirle. Desprendiéndose
del ego y del yo en la acción y la inacción.
Lo que debemos tener presente que este
primer paso, debe continuarse con cuantos sean necesarios, para diluir esa
separación que sólo nosotros percibimos, origen del ego, la ambición y la
codicia, que nos lleva a culpar a la mente y los demás, en la esclavitud que
padecemos hacia nuestro ego, creada desde la Libertad con la que nos
manifestamos en este Universo.
No podemos negarnos a realizar nuestra
función, por comodidad, miedo al error o la inseguridad. La no-acción del
budismo, no es inactividad, sino al igual que el corazón y los átomos no dejan
un solo instante de ser y manifestar lo que son, nuestra función carente de
ego, es llamada la no-acción al no haber un yo realizándola, parecido al latido
del corazón, que no es una actividad suya, sino que pertenece a su Naturaleza.
Pensamos y creemos que la realización
de una función, debe estar dirigida a un resultado, a algo deseado o que
pretendemos crear como nuestra obra. Pero en realidad, nuestras acciones y
omisiones, nuestra actividad y culpar a los demás de los resultados, es
simplemente la creación del Universo en el que existimos: Sea este del Uno si
nos manifestamos correctamente, o la separación de cada individualidad de las
demás si nos manifestamos esclavizados por el ego que tenemos que crear,
alimentar y cuidar, para que controle nuestra manifestación de confrontación,
carente tanto de Humanidad como de Dignidad.










