Creo que siempre he respetado a la
mujer, porque sobre todo me respeto a mí mismo. Algo que me impide, separar mi
mitad masculina de la femenina y discriminar una de ellas. Mi respeto por las
mujeres, a veces me ha dejado en ridículo ante mis amigos, pues ellos conseguían
lo que yo no había podido y en menos tiempo. Pero es precisamente, lo que me ha
permitido respetarme, al no ceder por beneficios u opiniones ajenas a perder el
respeto por mí mismo.
Lo que me desconcierta es, el que
personas que combaten el machismo traten de imponer el feminismo, pues me es
imposible aceptar que el dominio de una mitad, sea mejor que el de la otra,
pues lo seguro es que habrá un desequilibrio, que la Vida tendrá que equilibrar,
mediante el abuso de la mitad dominante sobre la sojuzgada.
Hay creencias en que la evolución se
realiza igual que el caminar, primero se evoluciona el aspecto de un genero y
este es el que realiza la evolución del siguiente que sería su opuesto. Igual que
al caminar si avanza el pie derecho, es la base y apoyo desde donde puede
avanzar el izquierdo.
En esas teorías, el primer paso es el
desarrollo físico del cuerpo, que es un aspecto masculino. El cuerpo desarrolla
el aspecto emocional, que es femenino. Y este a su vez, desarrolla el aspecto
mental, que es precisamente en el que estamos actualmente.
Lo que no hacemos al caminar es
cortarnos un pie cuando ha dado el paso, igualmente, en la evolución de la manifestación
de la Vida, el desarrollo de un aspecto no significa su extinción,
sino que al igual que cualquier otra manifestación individual, no puede evitar
tener dos mitades opuestas.
O lo que es lo mismo: Todo aspecto
masculino, debe su existencia a que tiene una mitad femenina, y lo femenino, no
puede existir sin su mitad masculina.
Erradicar el machismo, no puede
realizarse por implantar el feminismo. La mayor dificultad para alcanzar el
equilibrio por esta ley del péndulo, que va de un extremo al contrario, para
alcanzar el equilibrio en un momento determinado, es que nosotros sólo
alcanzamos la confrontación, cuando los extremos se equilibran.
La erradicación del machismo o lo que
llamamos machismo, no se conseguirá por la confrontación, sino por medio del
respeto por nosotros mismos.
Cuando una fiesta de los opresores
está amenizada por jóvenes semi o completamente desnudas, cuando nos
prostituimos, lo importante no es ser hombre o mujer, sino que nos hemos
perdido el respeto propio. Siendo esta una situación, en la que la otra persona
piensa que puede comprarnos y por tanto abusar de nosotros.
La solución tampoco está en una situación
de igualdad por sexos, pues habrá ocasiones en las que la mayoría debería ser
femenina y en otras masculina, pues las personas idóneas en ese momento para el puesto son mejores
las de un sexo que las del otro.
El respeto es el camino que evita el
abuso de cualquier tipo, pero para respetar a los demás, es necesario
respetarnos a nosotros mismos. Nuestra verdad y realidad, no está en nuestros documentos,
sino en la forma de manifestarnos y en la que convivimos.
Las labores y las funciones, pueden
ser femeninas o masculinas, algo que no implica que quienes las desarrollan
tengan que ser hombre o mujer, sino la persona idónea en un momento y
situación, algo posible cuando alcanzamos el respeto por nuestras
responsabilidades y funciones, dentro de una sociedad humana.











