Pero el problema de la Corrupción, los
Abusos y las Violaciones, es mucho más profundo que su ejercicio desde el
poder.
No hay ninguna posición en la
sociedad, sea alta o baja, importante o innecesaria, que no sea ocupada por un
ciudadano del pueblo. Podría ser cualquier “yo”, de los que culpamos a los
demás, quien llegará a ocupar cualquiera de esas posiciones de poder o de
capacidad de abusar o violar, pues siempre existe alguien más débil en una u
otra actividad o posición, pensamiento o necesidad.
La corrupción es de la persona, no de
la posición. El abuso, es de la cobardía, de la necesidad de dominar o sentir
que podemos maltratar a alguien, compensando así la falta de autoestima, al ser
incapaces de responder a quienes abusan de nosotros o a quienes creemos que lo
hacen, al considerarnos víctimas de los demás. La violación, es la incapacidad
de sentirnos bien con nosotros mismos, tal como somos, y siendo que violamos
nuestra humanidad y personalidad, hay quien necesita sentirse a sí mismo al
violar a los demás, como alguien fuerte y poderoso.
Es la Dignidad, la que nos lleva a
respetar lo que somos, y aceptando que es todo cuanto tenemos para crear lo que
soñamos ser, no necesitar abusar o violar a otros, pues el respeto propio, nos
llevará a respetar a los demás, pues sabemos que es lo que necesitamos para que
nos ayude a conseguir el sueño de todos: “Paz, Amor y Felicidad”, algo simple
que significa que estamos viviendo mostrando nuestra humanidad y que mostramos
el Amor que tenemos como Naturaleza al ser: “Manifestación de la Vida, de Dios”,
como partes del Todo.
La sociedad que todos decimos desear,
no es la creación de alguien, sino el equilibrio de todos, ejerciendo nuestra
humanidad desde la Dignidad Humana. Nadie puede crearla sin la ayuda de todo lo
demás, pues el resultado de nuestra sociedad, depende de lo que nosotros
hacemos como individualidad, siendo la consecuencia del equilibrio de cada
individualidad como Todo.
La fuerza es el opuesto equilibrante
de la debilidad, entre ambos crean lo correcto, cuando se manifiestan como Uno.
El Mal no tiene existencia real, sólo nosotros podemos crearlo, al existir en
el Bien ejerciendo nuestra Libertad de elección. Siendo por tanto una creación
de nuestra actividad o inactividad, ejercidas como manifestación de esa Libertad
que tenemos como Naturaleza.
La armonía de un pueblo y sus
dirigentes, de un país o nación con otro, entre los habitantes de un mismo
pueblo sin importar su procedencia, en la familia, entre sexos, o cualquiera de
las partes de una sociedad o manifestación de Vida, sólo depende de cómo usemos
esa Libertad, del respeto nacido de la Dignidad, o de manifestar por elección
propia nuestro ego o nuestro amor.
Cambiar la sociedad, no se hace
guardando silencio o haciendo lo que nos mandan, tampoco aprendiendo
literalmente lo que nos enseñan, renunciando a nuestra capacidad de pensar. Considerar
a los demás responsables de lo que somos o lo que manifestamos, es el rechazo o
renuncia a nuestra Naturaleza de Libertad.
Nacemos y existimos, para hacer
realidad nuestros sueños como Humanidad, no lo que nuestro ego o insatisfacción
con nosotros mismos nos ordena.


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