Las respuestas las encuentro
generalmente en todas esas historias y filosofías antiguas, que leemos y vemos
como mitos o relatos de gente que no tenía la tecnología, ciencia o conocimientos
para ver la realidad.
Todos esos mitos de dioses y animales
semihumanos, dioses que creaban el mundo de una manera difícil de creer y que
tenían hijos con los que estaban en constante batalla, que intervenían en su
creación y a veces jugaban o se peleaban con ella.
Finalmente nosotros cambiábamos sus
nombres o simplemente copiábamos al dios o dioses de quienes nos vencían, al
considerar que los nuestros no eran poderosos o eran falsos dioses.
El monoteísmo, nos trajo un solo
creador y un solo universo, fruto o hijo de ese dios único. La dificultad la
hemos encontrado, en definir nuestra relación con él, en encontrarle un solo
nombre y si la responsabilidad universal y nuestra, corresponde a dios o
nosotros tenemos también alguna responsabilidad de la sociedad que hemos
creado, de nuestro vivir y de cómo nos manifestamos como individualidad.
Nuestros errores, serán un día corregidos por dios, llevándonos a un cielo idílico o nirvana, donde sólo
existe la felicidad y la libertad, o seremos castigados y enviados al
sufrimiento, en un lugar llamado infierno. Que es lo que consideramos nuestra
meta para la eternidad, en ella, estaremos protegidos y controlados por la
mitad yang o la mitad yin de Dios.
Esta es nuestra existencia, incluso
aquellos que piensan que dios no existe y que todo depende del azar, la casualidad
o el destino, también creen que la felicidad o el sufrimiento es algo inevitable,
que esa es nuestra meta.
Lo que yo pienso, es algo diferente a
lo anterior. Creo en ese Dios que es Todo, llamémosle Universo o Creación, o
simplemente Vida. Hay un espacio donde no hay nada en el que aparece el
Universo, es inexplicable o al menos lo es para mí. La Vida es ese Vacío, que
siendo Amor se entrega y Es, aquello que cobra existencia convirtiéndose en Su
manifestación.
En el Amor, la Vida, el Todo o lo
Absoluto, no existe la Dualidad. Obviamente tienen que existir las dos mitades,
es algo que nos dicen las matemáticas y es Verdad. La Dualidad nace, cuando algo
le da nombre a esas mitades, cuando se ven como opuestas y desaparece cuando
esas mitades pertenecen al Uno, a una individualidad Absoluta, que es lo que
nos dice el Yin y el Yang.
Mitades inseparables, irreconocibles,
no percibidas, sin nombre y sin existencia propia, pues se necesita dividir la
individualidad en dos, incluso sin separar sus mitades, para que una tercera
mitad, perciba su oposición y pueda nombrarlas.
El Camino que tenemos que recorrer,
implica no salirnos del Aquí, no existir fuera del Ahora, y caminar sin
movernos, desde el lugar o aquí donde estamos llamado dualidad, hasta la Meta u
Origen del Principio, donde existamos en la Eternidad del Uno, del Ahora, del
Aquí, siendo Vida, que sólo podría percibirse como inexistente y vacío, al
existir sólo como la Individualidad del Uno.
No desaparece la Dualidad, seguiremos
conservando nuestra individualidad dentro de una Impermanencia, en la que sólo
es permanente lo Eterno: Dios, Uno.











