Yo al menos me pregunto, cómo es que
nuestra sociedad permite, que haya tantos países y casi continentes enteros,
donde las dictaduras, los gobiernos abusadores y violadores del pueblo y una
mitad el pueblo, se dedican a mantener en la miseria, la necesidad y la casi
esclavitud, a millones de personas, no en países extraños, sino en sus casas.
Para que un dictador, abusador o
violador, controle millones de personas, es necesario que en ese pueblo, exista
la cobardía y la Indignidad, al menos en la existencia de una cantidad de
borregos, que venden a sus conciudadanos y familiares, por un plato de
lentejas. Obviamente, los cobardes, ambiciosos y carentes de Dignidad, tienen
que ser un gran número, a no ser que la cobardía haya llevado a las víctimas a renunciar
a su Dignidad.
Vivir en esos lugares, significa la
renuncia a la Dignidad, algo que es común en nuestra sociedad, cuando abusamos
y violamos, o guardamos silencio cuando somos víctimas. Algo natural en
sociedades, donde es necesario que nos obliguen mediante leyes y castigos, a
respetar a los demás, lo que es difícil, cuando no tenemos el respeto por
nuestra Naturaleza de Seres Humanos propia.
Nadie debería tener que huir de su
hogar, porque es abusado y violado, permitiéndole vivir sólo en la miseria,
porque gran cantidad de gente, que no personas, de esa sociedad se dedican a
servir a cárteles, organizaciones criminales y mafias, en las que se incluyen
los gobiernos, al actuar de forma similar.
Es obvio, que para que se vendan
drogas, tiene que haber quien las compre. Para que exista la corrupción, se
necesita gran cantidad de sicarios que la protejan. Para que existan maleantes,
abusadores y violadores, tiene que haber una mayoría silenciosa que sólo mira
su ombligo. Para necesitar ser obligados a hacer lo correcto mediante leyes y
castigos, tenemos que haber renunciado a nuestra condición de humanos y a la
Dignidad.
La Tierra es de todos, pero hay que
respetar lo ajeno. Todos tenemos derecho a vivir donde deseemos en la Tierra,
pero cuando cumplimos con la responsabilidad de convivir con un grupo, cuando
contribuimos al bienestar en lugar de hacerlo al abuso y la discordia. Los Derechos,
no son lo que debemos reclamar, pues todos ellos derivan y nacen, cuando
cumplimos correctamente con nuestras responsabilidades para con la Vida, la
sociedad y nuestra condición humana.
Nadie es tan fuerte, como la unión de
los débiles. Nadie puede pastorear a la Dignidad o a las personas. El que
alguien lo haga, lo posibilita nuestra renuncia a mantener la Dignidad propia
en nuestro vivir.
Durante siglos, nuestra búsqueda de un
nuevo hogar, significaba la extinción de sus habitantes y se dejaba vivir sólo
a aquellos que se convertían en esclavos o borregos al servicio de los nuevos
inquilinos.
Miremos Australia, América, gran parte
de África, y cualquier país donde las tribus se mataron por conseguir
apoderarse de lo ajeno. Algo que mantiene el odio y la separación tribal,
incluso en nuestros días.




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