Cuando es noche para los demás seres, el hombre
disciplinado despierta a la Luz. Y lo que es día para los demás seres, para el
sabio que puede ver, es noche.
El hombre que abandona el orgullo de la posesión, libre del
sentimiento del “yo” y de “lo mío”, alcanza la paz suprema.
Este es, oh Arjuna, el hombre que descansa en Brahman. Al
reconocerle desaparece toda ilusión. Aunque esto ocurriese en el último momento
de la vida de un hombre sobre esta tierra, éste puede alcanzar el Nirvana
Supremo: este hombre encontrará paz en la unión con Dios.
Desde un principio, hemos culpado a la
mente de arrastrarnos hacia el abandono de lo que somos, de alejarnos de la
humanidad en busca de placeres para el cuerpo físico y deseos de poder y
posesiones.
La mente al igual que el cuerpo
físico, son herramientas que nos permiten elegir nuestro camino, pues cuanto
percibimos y creemos que son posesiones nuestras, son simplemente herramientas
de lo que realmente somos, para que retornemos libremente a lo que somos, al
Ser, que hemos llamado de muchas formas, le hemos atribuido Naturaleza de
Absoluto, Infinito y Eterno y todavía negamos nuestra pertenencia a Él.
Sabiduría es algo simple: “Vivir y
manifestar lo que realmente somos”, “Ser y aceptar nuestra Realidad, como
Universo, como Uno”.
Aferrarse a cuanto deseamos, ver el yo
separado del Universo o de los demás, actuar como materia, sin apenas usar la
mente, al aceptar como verdad lo que nos dicen los demás, rechazando la
responsabilidad de nuestra individualidad y libertad, simplemente nos
manifestamos como gente, como Ignorancia.
Creemos que la luz tenemos que
encontrarla fuera de nosotros, que la luz nos es ajena y tenemos que crearla
para que podamos ver el camino que usamos para alcanzar el poder, la riqueza y
lo que no encontraremos en toda la eternidad: Lo que deseamos. Todo ello
efímero y que nunca nos pertenecerá, pues no podremos llevárnoslo al dejar el
cuerpo físico.
La luz ilumina todo cuanto la rodea,
pero todo cuanto la rodea produce sombra y por tanto sólo puede ver la
oscuridad que ellos mismos producen. Cuando miramos directamente a la Luz,
comenzamos a no poder nada más, deslumbrados por Ella. Pero no se trata de ver
a Dios o a Buda en todo cuanto nos rodea, como dicen todas las filosofías de
una manera u otra, al final sólo queda el Ser. Hay que ser Luz, para realmente
alcanzar la Sabiduría contenida en la Ignorancia, de no saber, sino sólo Ser.
Abandonado el ego, la separación de
las mitades duales, encontrado refugio en la Verdad del Uno, del Todo, de la
Humanidad, encontramos la paz. Pero todavía queda un largo camino, que debe
llevarnos a la manifestación de esa paz, en la que nos hemos transmutado.
Encontrar la paz en la Unión con Dios,
con el Todo, nos lleva al Nirvana Supremo, en cualquier Universo de Existencia.
Donde sólo el Amor es manifestado en la convivencia.
Pero cuando Shakyamuni, tras haber
obtenido la aprobación de varios Maestros, diciéndole que había llegado al
máximo, al Nirvana Supremo, siguió practicando hasta casi entregar su vida
física, encontrando que el final no es la unión con lo Absoluto, sino la pérdida
de cuanto se tiene noción de ser, para entregarse y Ser Absoluto.










