No era necesario repartir nada, todo
era de todos y cada uno se hacía responsable de su función en la convivencia. En
ese camino hacia la Humanidad, era natural el cuidar de los animales, pues eran
compañeros de viaje y un alimento para poder manifestar la Vida, dentro de
nuestra función en Ella.
Manifestando ese amor de Dios, es
natural que hablásemos con Dios al comunicarnos con nuestro entorno. Todo en la
Vida, es comensal y alimento, pues la Vida como Absoluta, no tiene otro
alimento, que su propia manifestación de Impermanencia.
Un día nació la ambición y el deseo de
poder. Eran sólo unos pocos, razón por la que no podían apoderarse o usar a los
demás para su beneficio. Es aquí, cuando el camino elegido por esta minoría
para controlar a la mayoría en su beneficio, fue el de la confrontación:
Colores, gustos, mujer-hombre, arriba-abajo, derecha-izquierda, materia-espíritu,
diferentes nombres para un único Dios. Todo es percibido por la mayoría como
algo confrontado con su mitad opuesta.
Alguien más tarde lo definió en una
frase: “Divide y vencerás”, nada como un pueblo en el que hay mitades o grupos
confrontados, para que el poder lo use como rebaño del que obtener lo que desea
y obtener beneficios, además.
El pueblo le da dinero y mantiene a
los que gobiernan o dirigen, para que lo hagan al servicio del pueblo. El pueblo
es el contratador y gobiernos y servidores públicos son los obreros cuya
función es servir al pueblo, para una mejor convivencia, mejores condiciones y
sobre todo el regreso al Paraíso.
Pero el dinero del pueblo, sólo sirve
para el bienestar del poder y que el pueblo le sirva, para obtener con su
esfuerzo, el robo de lo ajeno y el asesinato, cuanto desea el poder.
La izquierda tiene como función en
nuestra sociedad, el destruir a la derecha, para que el poder lo ostente, quien
les dice lo que tienen que pensar, hacer y ver. La derecha tiene la función
contraria respecto a la destrucción de la izquierda.
Cuando era necesario que la mujer
tuviese hijos, para mayor gloria del poder, era lógico que fuese alejada de los
peligros y de la posibilidad de morir, podía ser violada por cualquier hombre
porque eso aumentaba la población y era poco importante porque era suficiente
con mantener un número.
Cuando el mantenimiento de la familia,
era con el salario que el poder le daba al marido, cuando el armamento era más importante
que el número de soldados, el poder decidió que era el momento de hacernos
iguales, por lo que la mujer podía ir a la guerra y recibir la mitad del
salario del hombre, para contribuir al mantenimiento de la familia.
Pasa el tiempo, y todavía no hemos
sido capaces, de darnos cuenta de que el camino de la confrontación sólo lleva
a la muerte, a la destrucción y el borreguismo, a la esclavitud y abuso de los
que piensan que son libres. La mujer según la teoría de la Vida, tiene mitad
femenina y mitad masculina al igual que el hombre. La desaparición o el abuso
de una mitad, sólo puede llevarnos a la desaparición de nuestra mitad o a la
imposibilidad de existir, pues no puede vivir y existir algo como mitad.
Lo fuerte mantiene lo débil, pero es
lo débil lo que aporta la flexibilidad a lo fuerte, impidiendo su rotura.
El gobierno está para servirnos, no
para usarnos, somos los que les damos un empleo y una función, los que les
pagamos y los que debemos exigirle: “Respeto por todos los ciudadanos del
pueblo, sin importar su nacionalidad, género o color. En cuanto a ideología, sólo la humanidad es la que debe contener la disparidad de opiniones, todas
ellas al servicio del pueblo.
Todos usamos ambos lados del cuerpo,
del cerebro, y para el que nos ve de frente, nuestro lado izquierdo es el
derecho, que es lo contrario que ve y piensa quien nos mira desde atrás. La
Verdad es de ambos, si miramos y vemos nosotros mismos, y dejamos de ver lo que
nos dicen que hay.

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