No pretendo molestaros

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Yui Shin

domingo, 3 de mayo de 2026

LA PALABRA DE DIOS

          Desde tiempos perdidos en la memoria, los Dioses nos hablaron y ayudaron a alcanzar el conocimiento del Universo que nos rodea. Intervinieron en nuestras guerras, y nos construyeron edificaciones que hoy en día sería difícil construir.

          De alguna manera, nuestra ambición y codicia, nos llevó a usar el conocimiento que nos proporcionaban, para apoderarnos de lo ajeno, destruir la naturaleza y cazar y exterminar a aquellos animales que nos gustaba su carne o nos hacían sentir miedo.

          Nuestra fidelidad consistía, en cambiarles el nombre cuando no nos daban lo que deseábamos y asesinar a quienes adoraban dioses con nombres diferentes al nuestro, imponiéndoles el nuestro para que nos sirvieran como esclavos.

          Todos esos dioses, venían del cielo, de las estrellas y tenían grandes poderes. Pero se mezclaron con nosotros y los que conservaron el poder, heredaron nuestra ambición y ego. Lo que los llevó a ser negados por los dioses, que tampoco podían negar a sus descendientes.

          Nos dejaron su recuerdo, sus construcciones, sus enseñanzas que siendo usadas egoístamente, poco a poco nos llevaron a la confrontación continua, con nosotros mismos y con todo lo demás.

          Decidimos sin ponernos de acuerdo, que sólo había un Dios, le llamamos monoteísmo y cada uno le dimos un nombre a ese Dios, para seguir la confrontación contra quienes no poseían la Verdad.

          Obviamente, la mayoría no sabía idiomas, por lo que quienes entendían el lenguaje divino, escribieron lo que estábamos obligados a hacer para estar en gracia, no sólo con Dios, sino con nuestros dirigentes, todos ellos descendientes directos de ese Dios, o elegidos o puestos directamente por Su voluntad.

          Al final, como toda enseñanza que nos debería permitir retornar a los cielos con nuestros dioses, ser como ellos y vivir en armonía y felicidad con el resto del Universo, fue dirigida a que sólo los poderes o los elegidos, entendían y podían escuchar el lenguaje de Dios y teníamos que obedecer al pie de la letra, cuanto nos decían y dejaban escrito sus traductores.

          Grandes civilizaciones, que desaparecieron, en cuanto estos dioses dejaron de confiar en el uso de sus enseñanzas. Alguien con gran conocimiento, que puede destruirnos en un instante, trató de que evolucionásemos y respetáramos a cuanto nos rodeaba. Pero nuestro entendimiento no estaba preparado, al ser esclavos de nuestro ego separado del resto del Universo.

          Todo el Universo está en constante contacto, un contacto instantáneo, que le permite ser en cada Ahora, el Equilibrio entre todas sus individualidades en un Ser Universo.

          No teniendo con quién hablar, su lenguaje es el Silencio, expresado en vibraciones, música, sonidos, que realmente nadie los escucha, que nadie emite, pues la Voz solamente manifiesta lo que Es, el Ser del Universo incluyendo cada una y todas sus individualidades.

          Todo ello, todo ese Ser, ese Silencio, sólo se manifiesta, en una palabra: Ser Amor. Parece que hay dos, pero ser amor, sólo es una palabra del Silencio.