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Yui Shin

miércoles, 27 de mayo de 2026

EL CAMINO SIN HUELLAS

           Vi el otro día unos fragmentos de la película Elektra, en el que su Maestro la expulsa, porque a pesar de ser muy buena en las artes marciales, no había encontrado el alma del camino, en el que estaba intentando penetrar.

          En un gran número de explicaciones de la Meditación practicada en artes marciales, se habla de combatir la sombra del luchador. Se trata de aprender a no combatir. Aparentemente, siempre se camina entre dos opuestos, sin que el Maestro nos diga cuál es el correcto.

          Obedecer al Maestro, puede significar que seremos expulsados de su lado, de su enseñanza. Desobedecer al Maestro, puede significar ser expulsado de su lado, de su enseñanza.

          La Meditación lleva a la entrada del Camino, pero ni la Meditación ni el Maestro, pueden indicarnos cuál es la forma correcta de caminarlo. Sin entrar no podemos caminar, si entramos no hay caminante, por lo que es imposible encontrar indicaciones o huellas, en un Camino que hay que recorrer, sin embargo, nadie ha penetrado en Él, nadie lo ha caminado.

          Es algo que contradice los libros, que nos introduce en un laberinto de dudas, que nos dice que lo mejor es no intentarlo, que es mejor encontrar un maestro que nos diga, indique y explique cómo debemos entrar y caminar en el camino de sus enseñanzas.

          La única huella que hay en el Camino, es la de nuestros pies justo donde estamos pisando, por lo que no podremos verla. Pues para entrar hay que existir en el Ahora.

          La Meditación nos recuerda que somos luz, por eso lo único que nos impide entrar en el Camino, es nuestra sombra. La Luz no tiene, ni produce sombra. ¿Por qué la tiene el meditador?

          La sombra es la de nuestro yo, la de nuestro ego, que se mantiene visible situándose por delante de la Luz. Por lo que al mirar al frente, sólo podemos ver la oscuridad que produce nuestro ego. Al no ver la Luz, creemos que hay que encontrarla dentro de la oscuridad, lo que nos hace profundizar en nuestro ego, siendo quien realmente vive y manifiesta lo que creemos ser.

          La Meditación busca la Iluminación, pero por el camino más directo y simple: “Desaparecido el ego, sólo queda la Luz”, todo está Iluminado incluso el meditador cuando deja de meditar, pues cuando meditamos el que se sienta es nuestro yo.

          Esa es la lucha, el combate que transmute nuestro yo en Yo, nuestro ego en la Seidad del Todo, pues no se trata en penetrar en algo o meditar, la Vida, el Universo y Dios son el SER.

          La Meditación no es para meditar, sino para ser Meditación. No se trata de que nuestro ego o yo penetren en un camino y se purifiquen al caminarlo, sino en Ser el Camino, sin algo que pueda entrar en Él o caminarlo.

          Pero hay que encontrarlo, hay que meditar, hay que caminar eternamente, para realmente regresar al origen, a la Realidad de que somos Buda, de que siempre lo fuimos, de que somos Luz y sólo nuestro ego nos impide conocerlo y aceptarlo, por lo que necesitamos crear sucedáneos que nos permitan ver en la oscuridad creada por nosotros, para ver lo que nuestro ego nos muestra.

          Iluminación no es convertirnos en algo diferente, sino encontrar lo que realmente somos. Nuestra huella, no es lo que hemos hecho nosotros, sino la sociedad y el Universo que dejamos.

          Buda no deja de serlo, el Universo no deja de ser lo que Es, pero nuestra ambición, egoísmo, ignorancia y separación, nos impide ver lo que somos, para manifestarnos y crear: “Guerra, corrupción, abusos, violaciones, y una sociedad carente de humanidad”, algo que todos rechazamos, pero hemos estado creando, durante nuestra existencia en la Tierra.


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