Vemos natural, que si nuestros padres
no nos permiten ser vegetarianos, podamos pedir este derecho a los vecinos y
comer en sus casas. Que cualquier cosa que nos prohíban o no nos permitan
nuestros padres, podemos pedírselo como un derecho a los vecinos que se lo
permiten a sus hijos.
Leemos historias de viajeros y
filósofos que recorrieron el mundo en busca de aventuras y conocimiento, algo
natural de nuestra búsqueda de humanidad, en nuestro hogar la Tierra o en
nuestra casa el Universo.
Pero el respeto, la libertad y
nuestros derechos, debemos obtenerlos en nuestra habitación, de nuestros
padres, de nuestro país, de nuestros dirigentes. Para ello hay que exigirlo, no
por la fuerza, sino por respeto a nosotros mismos y nuestros hermanos. Pues nuestros
asalariados reciben nuestro dinero, para usarlo en conseguir nuestro bienestar,
dentro de las posibilidades que nos permiten nuestras circunstancias.
Cuando somos abusados por el poder,
por los servidores públicos, por nuestros hermanos, amparados por los carentes
de Dignidad y llenos de cobardía, que necesitan esconderse tras la letra de la
ley emitida por el poder, para obtener impunidad en sus abusos o corrupciones. O
esos hermanos, que no sólo violan la Ley, sino a nosotros por la obtención de
beneficios, que no se llevarán cuando mueran.
Tenemos demasiados países ricos con un
pueblo en la miseria. Demasiados dirigentes que se sirven del pueblo, mediante
el abuso y la violación. Demasiados ciudadanos, que por conseguir las migajas o
una limosna, cometen abusos y violaciones de sus hermanos o se dedican al abuso
y la violación de la delincuencia.
Nuestra renuncia a la Dignidad, nos
lleva a violar nuestros derechos y los de los demás. Nuestra cobardía nos lleva
a pedir esos derechos a quienes los dan: a los vecinos, a otros países, a los
que les llevamos nuestra carencia de Dignidad, exigiendo unos Derechos que no
hemos sabido conseguir en nuestros hogares, con nuestros hermanos.
No sólo el país es nuestro, nuestra es
la Tierra, el Universo, pero la Dignidad debe estar en nosotros y llevarla
donde vayamos. No podemos exportar nuestra cobardía y pedir los derechos o un
grade de bienestar en casa ajena, donde sus ciudadanos han conseguido lo que
nosotros no hemos sabido conseguir.
No podemos exportar nuestra carencia
de Dignidad o nuestras costumbres, pedir que sean respetadas en sitios con
costumbres diferentes, simplemente porque nos permiten exigir derechos, que no
hemos sabido defender en nuestra propia casa, en nuestra sociedad, en el sitio
donde debimos aportar y obtener la Dignidad, el respeto y una vida que cubriese
nuestras necesidades.
Cuando permitimos que alguien abuse y
viole nuestro ser, lo fácil es huir donde nos respeten. Pero la pregunta que
deberíamos hacernos es: ¿Traigo el respeto por los demás, porque me respeto yo?
Producir drogas, abusos y violaciones,
da dinero, pero trae el hambre y la miseria para el pueblo. Es la Dignidad, el
respeto y el esfuerzo, lo que trae la riqueza suficiente, que no es tener mucho,
ni poco, sino la aceptación de que lo que tenemos con nuestro esfuerzo es
suficiente siempre, independientemente de la cantidad.
Respeto, unión, empatía, amor, todo
ello asentado en la Dignidad, hace una sociedad feliz, que tiene por hogar la
Tierra.

