El esfuerzo y la responsabilidad sobre
nuestra vida y las de cuantos convivían con nosotros, nos llevó a pensar que
había que destruir los peligros que nos rodeaban. Todo cuanto nos rodeaba,
estaba a nuestro servicio y deseos, y si no nos es útil, es innecesario.
El peso de la responsabilidad, nos
llevó a tratar de huir de él, cambiándolo por el de la responsabilidad ajena.
Creamos a Dios y los líderes, que no sólo nos tenían que decir lo que teníamos
que hacer y protegernos, sino que eran los responsables de nuestro bienestar y
nuestra responsabilidad.
Creamos el sueño, de una existencia en
paz, bienestar y felicidad, que debía ser conseguido por Dios, el poder de
turno o los demás, que son los responsables de hacerlo, porque están a nuestro
servicio. Dios es Todo o lo Absoluto, el poder reside en el pueblo, y los demás
son demás de uno: nosotros, nosotros somos el demás de miles de millones.
Hay una cosa curiosa en la práctica
del Zen y sus Maestros, te hacen una pregunta, que es considerada la práctica
que te han asignado para encontrar tu verdad. Puedes dar la respuesta que
intelectual o científicamente se considera correcta, el Maestro repetirá
incansable durante años, que estás dando una respuesta equivocada. Sin que
cambies la respuesta, un día, sorpresivamente, el Maestro dice que es la respuesta
correcta. Porque siendo la respuesta la misma, tú has cambiado, no es el mismo
quien responde y probablemente no hay nadie respondiendo.
Al ser manifestación de la Vida, al
ser creado por el Amor y que no hay Amor sin Dignidad, el Universo sólo puede
ser Uno, todo cuanto está incluido, son individualidades que son Uno-Universo o
Vida, sin separaciones o uniones, siendo todas únicas y diferentes, desaparece
su ego cuando son Vida o Uno.
La pregunta de nuestra práctica es la
de si somos seres humanos, nuestra respuesta siempre ha sido: “SÍ”,
desgraciadamente, no hemos sido capaces de crear la Humanidad. Esa es nuestra
responsabilidad, nuestra función, nuestra meta soñada, pero la Vida nos dice
constantemente que la respuesta está equivocada.
La Meta de la Humanidad es manifestarse
como lo que ha sido siempre: Universo o Vida, pues como decía alguien llamado
Jesús: El Padre y yo somos Uno. Toda existencia es una, pero nuestra
manifestación crea la separación entre individualidades, por lo que nace la
multitud confrontada, pues todos lo hacemos bien y como debería ser, pero son
los demás los que lo hacen mal, por lo que nuestra vida y nuestra sociedad está
condenada a seguir siendo como es: “Una sociedad que cada día se aleja más de
la meta de ser humanos y por tanto del Uno”.
Realmente, como decía Pedro: “La vida
es sueño”, y es nuestro sueño de ser Uno, de manifestarnos como humanos, lo que
es nuestra realidad. Lástima que cuando creemos estar despiertos, nuestro vivir
sea para destruir el sueño que manifiesta nuestra realidad.
Somos individualidades independientes
y responsables de nosotros mismos y cómo nos manifestamos. Pero el amor bien
entendido comienza por uno mismo, deberíamos amar al prójimo como a nosotros
mismos, sólo posible cuando el respeto por lo que somos, el respeto por lo
demás como es, nos permita encontrar, manifestar y ser: Dignidad.
Esa es la respuesta que espera nuestro
Maestro: La Vida.
