No pretendo molestaros

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Yui Shin

domingo, 9 de agosto de 2026

EJÉRCITOS

           Cuando miramos alrededor, mirando en la historia o en el caminar de nuestra existencia, pocos momentos hay sin que hayamos estado en guerra en uno u otro lugar, de una u otra manera. Nuestro pensamiento es el de que tenemos que luchar o mantenernos en guerra con las circunstancias, con los demás y con nosotros mismos, considerando que es la única manera de conseguir nuestros deseos.

          Miles de años después, seguimos luchando y matando, para conseguir nuestros deseos, creemos que son nuevos y necesarios, pero es simplemente el estar dirigidos por la ambición y el ego.

          Culpamos a los demás, que son los que invaden nuestro espacio o abusan y violan nuestros derechos.

          Lo único necesario es tener armas y un ejército que protejan nuestros derechos, que destruyan lo malo de nuestra sociedad y vidas. Para ello tenemos los grupos de poder: gobiernos, dictaduras, tiranos, déspotas, organizaciones mafiosas, cárteles, económicos o de distribución de bienes, etc., que mantienen ejércitos y fuerzas de seguridad, que nos obligan a cumplir sus leyes.

          La razón de la Ley es proteger la Justicia, la de las leyes proteger el poder. Curiosamente es el pueblo oprimido, abusado y violado, quien proporciona los soldados que permiten a esos poderes, obligarnos a obedecer las órdenes que les dan.

          La razón que nos lleva a obedecer esas órdenes o leyes, probablemente sea la de que hace milenios que renunciamos a nuestra Dignidad. Si la hubiésemos conservado, si la usáramos en nuestra convivencia, nos podríamos preguntar: ¿Podríamos, tener una sociedad justa y sin miserias, si no necesitásemos esas armas y ejércitos?

          Pero es una pregunta que los poderes no quieren que tengamos, es mejor atemorizarnos con amenazas que nosotros mismos creamos y que ellos se sientan seguros y protegidos por esas armas y ejércitos, que el pueblo crea para poder ser abusado y violado por cualquier poder.

          Si nos respetamos, los demás no invadirán nuestras propiedades, nuestro espacio, nuestros derechos, lo que haría innecesario esas armas y esos ejércitos. Para ello, sólo tendríamos que conseguir que nosotros también respetásemos a esos demás.

          El dinero que tendríamos que aportar a esos dirigentes sería mucho menos, habría muchas más personas para trabajar en lo importante: fabricar bienes y alimentos necesarios para todos, al haber respeto en la convivencia, los salarios serían justos, así como los beneficios y los precios.

          El poder sin ejércitos y sin armas, estaría obligado a cumplir con su función de servir al pueblo, en lugar de usarlo como rebaño generador de beneficios.

          Y es que en lugar de coerción y amenazas, estaríamos conviviendo usando el respeto, la empatía y la ayuda, todo ello derivado de la conservación de nuestra Dignidad, algo imprescindible para el ser humano.

          Y es que en el camino de la drogadicción, abusos, violaciones, ambiciones y ego, sólo el poder puede recorrerlo, llevado en el palanquín portado por el pueblo.

          No hay guerras en el nombre que le damos a dios, sino en nuestra falta de humanidad, ignorancia y renuncia de usar la Dignidad. Dios es Amor, su nombre es Todo y todos los nombres pueden ser usados sin que deje de respondernos: “Sois Libres y los auténticos creadores de Mi manifestación”.

          No hay poder, ego o ambición, en un Dios que sólo es lo que el Universo manifiesta y lo que nosotros creamos. No importa si en nuestros corazones, nuestra mente o en nuestra dualidad: “Dios es el Ser, de Todo y cada individualidad”.


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