Miles de años después, seguimos
luchando y matando, para conseguir nuestros deseos, creemos que son nuevos y
necesarios, pero es simplemente el estar dirigidos por la ambición y el ego.
Culpamos a los demás, que son los que invaden
nuestro espacio o abusan y violan nuestros derechos.
Lo único necesario es tener armas y un
ejército que protejan nuestros derechos, que destruyan lo malo de nuestra
sociedad y vidas. Para ello tenemos los grupos de poder: gobiernos, dictaduras,
tiranos, déspotas, organizaciones mafiosas, cárteles, económicos o de
distribución de bienes, etc., que mantienen ejércitos y fuerzas de seguridad,
que nos obligan a cumplir sus leyes.
La razón de la Ley es proteger la
Justicia, la de las leyes proteger el poder. Curiosamente es el pueblo
oprimido, abusado y violado, quien proporciona los soldados que permiten a esos
poderes, obligarnos a obedecer las órdenes que les dan.
La razón que nos lleva a obedecer esas
órdenes o leyes, probablemente sea la de que hace milenios que renunciamos a
nuestra Dignidad. Si la hubiésemos conservado, si la usáramos en nuestra
convivencia, nos podríamos preguntar: ¿Podríamos, tener una sociedad justa y
sin miserias, si no necesitásemos esas armas y ejércitos?
Pero es una pregunta que los poderes no
quieren que tengamos, es mejor atemorizarnos con amenazas que nosotros mismos
creamos y que ellos se sientan seguros y protegidos por esas armas y ejércitos,
que el pueblo crea para poder ser abusado y violado por cualquier poder.
Si nos respetamos, los demás no
invadirán nuestras propiedades, nuestro espacio, nuestros derechos, lo que
haría innecesario esas armas y esos ejércitos. Para ello, sólo tendríamos que
conseguir que nosotros también respetásemos a esos demás.
El dinero que tendríamos que aportar a
esos dirigentes sería mucho menos, habría muchas más personas para trabajar en
lo importante: fabricar bienes y alimentos necesarios para todos, al haber
respeto en la convivencia, los salarios serían justos, así como los beneficios
y los precios.
El poder sin ejércitos y sin armas, estaría
obligado a cumplir con su función de servir al pueblo, en lugar de usarlo como
rebaño generador de beneficios.
Y es que en lugar de coerción y
amenazas, estaríamos conviviendo usando el respeto, la empatía y la ayuda, todo
ello derivado de la conservación de nuestra Dignidad, algo imprescindible para
el ser humano.
Y es que en el camino de la drogadicción,
abusos, violaciones, ambiciones y ego, sólo el poder puede recorrerlo, llevado
en el palanquín portado por el pueblo.
No hay guerras en el nombre que le
damos a dios, sino en nuestra falta de humanidad, ignorancia y renuncia de usar
la Dignidad. Dios es Amor, su nombre es Todo y todos los nombres pueden ser
usados sin que deje de respondernos: “Sois Libres y los auténticos creadores de
Mi manifestación”.
No hay poder, ego o ambición, en un
Dios que sólo es lo que el Universo manifiesta y lo que nosotros creamos. No importa
si en nuestros corazones, nuestra mente o en nuestra dualidad: “Dios es el Ser, de Todo y cada individualidad”.

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