La Religión, trata de recordarnos que
las infinitas individualidades del Universo o de los Universos, son la
Individualidad del Uno, por lo que su manifestación para nosotros, es lo que
percibe una de sus partes al separarse del resto.
La ciencia, una vez analizados todos
los componentes, no podrá conocer al Uno, pues tendría que separar los
componentes del microscopio, incluso al analizarlos, quedaría por incluir el yo
y las partes que sería el ego de la separación nuestra del resto del Universo.
La meta de nuestro proceder, reflejará
como resultado del dicho de: “Divide y vencerás”. Si ponemos diferentes animales a tirar de una
carreta, enganchándolos a su alrededor, el resultado es que romperán la carreta
en trozos o partes individuales.
La ciencia podrá entonces enseñarnos
cómo era la carreta, pero habremos complicado el acarreo de la carga, pues
teniendo todas las partes de la carreta, no tenemos dónde colocar la carga
convenientemente para moverla donde deseamos o es necesaria.
El esfuerzo de dividir, crea algo que
ya conocemos: “La victoria del ego”.
Es el origen de nuestra falta de
humanidad, de odios, ambiciones y guerras, que crea las tribus, los países, los
imperios en los que dividiendo a los que percibimos como demás, podemos vencer
y dominar, con el ego que nos domina a nosotros.
En cualquier individualidad, sus
componentes o individualidades, no se excluyen de ese Uno, tienen consciencia
de su individualidad, que las lleva a cumplir con su responsabilidad o función,
al servicio de todas ellas como Uno.
Pero no tiene conciencia de separación
o de ser individualidades que se consideran independientes, pues como dice la
Religión, toda manifestación pertenece y manifiesta al Uno. Siendo nuestro ego
el que hace la separación del yo y lo demás, pues la Esencia de la Religión
consiste en que toda individualidad existe como integrada en un Todo, al que
llama Dios, al darle un nombre por el que podamos entendernos al nombrarle en
nuestra existencia como Dualidad, que nos concede esa Naturaleza de Libertad,
que permite la aceptación de Ser Uno, de ser manifestación de un Todo.
La Esencia es la Vida, que tratamos de
explicar, sin darnos cuenta de que es imposible al ser lo que somos. Todo cuanto
Es lo es como manifestación de la Vida, por eso vivimos, por ser su
manifestación. Incluso la Muerte tiene que vivir y ser manifestación de la Vida,
pues nada podría morir, cambiar, transformarse o transmutarse, si la muerte no
estuviese viva, al ser manifestación de la Vida.
Incluso el tiempo tiene que morir,
para que el Ahora pueda carecer de tiempo y ser Eterno. Todo y todos existimos
en el ahora, el cambio de la Impermanencia, sólo nos permite poder existir
eternamente en ese Ahora Eterno, al ser lo que somos en cada ahora. No existimos
en un mañana o un pasado, somos solamente lo que estamos siendo ahora como yo,
o lo que somos en el Ser del Ahora Eterno como Yo.
Un Yo impronunciable, al ser el Yo de
Dios, del Todo, que como tal no puede percibir su existencia.
Nuestro yo dominado, controlado por
nuestro ego o manifestándolo, sólo nos permite ser sus esclavos, dirigidos
eternamente a la confrontación con el resto del Universo. La Religión nos
recuerda la Individualidad que somos en la Realidad, que nos lleva a ser manifestación
de Universo, como individualidad no separada de Él.
La convivencia en la confrontación o
en la Armonía, es la Meta a la que llegaremos según el camino que elijamos
desde nuestra libertad.

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