Tratamos de que la ciencia, las
filosofías y religiones, nos digan lo que somos y qué hacemos en un Aquí y
Ahora que no podemos abandonar. Apenas nos molestamos en tratar de ver y
comprender lo que el Universo nos dice constantemente.
La manzana y el destierro del Paraíso,
es una fábula que nos cuenta la religión, para hacernos sentir culpables, de
algo en lo que no participamos, pues fue el rey del lugar el que decidió
echarnos y que nos buscásemos la vida, sumidos en el sufrimiento, la envidia y
la ambición, que nos ha sumido en guerras, abusos y violaciones desde el
momento en el que nos expulsaron.
Pero todos caminamos, todos sabemos
que en el movimiento, hasta que una pierna no está asentada, la otra no
comienza un nuevo paso. En cambio al crear, al construir algo las dos manos
trabajan conjuntamente, repartiéndose las funciones necesarias, para lo que
estamos construyendo, dependiendo de nuestra habilidad y cómo usamos cada una de
ellas.
La Vida, se mueve desde lo femenino a
lo masculino, un aspecto se asienta antes de comenzar a ser el apoyo sobre el
que se comienza a desarrollar el siguiente. La creación de lo nuevo depende de
las dos mitades del Universo: La Femenina y la Masculina, trabajando
conjuntamente como Una.
Cuando la serpiente o la curiosidad,
le dicen a la mujer que representa la emoción, que alimente al hombre que
simboliza la mente, tiene que buscar un algo externo de su dualidad, que es la
manzana, el fruto del árbol del Bien y el Mal.
La mente crea pensamientos, sin que
necesariamente exista Consciencia de existencia de separación con algo. En
cambio, el mundo emocional se manifiesta, cuando nos relacionamos con algo que
consideramos separado, diferente o externo a nosotros.
En el momento en que la mujer ve al
hombre separado de ella y trata de alimentarlo, en el momento en el que el
hombre se ve separado de la mujer y aceptan alimentarse de algo externo a
ellos, separan el Bien y el Mal, sienten vergüenza de manifestar a Dios y se
esconden avergonzados de su desnudez y actos.
El Paraíso, creado con la Unidad de todo el Universo, se ha roto al aceptar la separación de lo femenino y lo masculino, el Bien del Mal. Es esa separación de las mitades, esa separación del Yin y el Yang, la que necesita una trinidad para la creación del Universo en el que vivimos: Yo-tú-demás, Dios-Creación-Conocimiento de la existencia mutua.
No hemos sido desterrados o expulsados
del Paraíso, simplemente hemos dejado de verlo, lo hemos destruido nosotros,
incapaces de vivirlo y crearlo en cada Ahora.
No es Dios, quien nos castiga, quien
nos expulsa del Bien o Paraíso, sino nosotros quienes somos los responsables de
destruir el Paraíso en nosotros y fuera, con nuestra separación del resto del
Universo, no como sus manos y sus piernas, sino como creadores de la
Confrontación entre sus mitades.
No olvidemos que incluso nosotros como
individualidad, tenemos dos mitades opuestas, que conviven unidas, siendo
nosotros los que las confrontamos, creando la enfermedad, el malestar, la falta
de autoestima y los conflictos que vemos en los demás, al ser el espejo donde
nos miramos.

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