No pretendo molestaros

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Yui Shin

martes, 2 de agosto de 2016

LOS SENTIDOS


          Todos usamos los sentidos para percibir la vida, pero quizás lo que es difícil de percibir es: ¿Cómo puede percibir el Vacío?, ¿Cómo sabe el Vacío que estamos dentro para no permitir introducirse a otra individualidad?
          Escribimos y estudiamos los sentidos del cuerpo, los que son manejados por la que nosotros llamamos nuestra mente, la mente ordinaria del budismo, la consciente, la racional, la que centramos en el cerebro y el corazón. Pero sabemos y estudiamos otros sentidos, que no son percibidos por esa mente sino que tienen que ser razonados y percibidos por otra mente, o mejor dicho, por otra parte de la Mente de la que nosotros formamos parte.
          La percepción instantánea de nuestras células, de lo percibido por otras alejadas por grandes distancias para ellas en el cuerpo, la comunicación entre las diferentes plantas de un bosque, entre animales de un ecosistema, entre diferentes bosques, entre las estrellas y las galaxias, obviamente no es por radio, eléctricamente u hormonalmente, como en nuestro cuerpo. Tampoco son los sentidos que usamos para percibir otras partes de nuestro cuerpo, o cuando son exteriores. Pero en todos ellos hay una Ley, una Regla, algo que nos confunde, pues creemos que no hay comunicación en absoluto, "permitir que algo se perciba a sí mismo".
          El ojo no puede verse a sí mismo, ni el oído oírse, ni la mano tocarse, ni la nariz oler su olfato. El Sol no puede percibir su brillo, ni el agua su humedad.
          El miedo que tenemos a no percibir la Vida, es que si no podemos sentir nada, ¿Cómo podríamos disfrutar de nuestras vidas, de nosotros, de los demás, de cuanto nos rodea?.
          Vemos al Ser como “Algo Siendo”, no podemos imaginar una Vida de Vacío, un Dios que no nos cuide y ayude, ser un Todo que no podamos ver, oír, sentir, o comunicarnos con Él, con sus otras partes o individualidades. Incluso nos atemoriza el Ser Vacío, donde no puede existir la Individualidad.
          En cambio, cuando somos felices, cuando nuestro Amor por Todo, cuando nos sentimos Uno con la Vida, en esos momentos en los que de alguna manera algo sale desde lo más profundo de nosotros: “Los sentidos dejan de ser sentidos”. Misteriosamente sin darnos cuenta: “todo es luminoso, huele bien, sus colores son indescriptibles, dejamos de pensar, dejamos de sentir”.
          Una parte de nosotros es consciente de que estamos, de que hay todas esas cosas rodeándonos, pero todo lo que vivimos es ser los colores, ser felicidad, ser los demás, ser nosotros, ser cada sentido, ser el aroma de la Vida, somos la materialización y el pensamiento sin asomo de mente.
Es simplemente una experiencia temporal, que pasa a veces tras un instante, otras puede durar días, es simplemente la sensación profunda de ser Uno con Todo, todavía conscientes, sin romper la dualidad, percibiendo en lo profundo la experiencia, pero sin ego. Es en la felicidad, en la desesperación y en el orgasmo, donde suelen manifestarse. Cuando no, es el resultado de la búsqueda, de la Gran Duda, del esfuerzo, por encontrar lo único que no podemos percibir, a lo único de lo que no podemos ser conscientes: “Nuestro Ser, lo que somos, que por Ley Universal, no podemos percibir, con ningún sentido conocido o desconocido, porque solamente existe en la Seidad”.
          El siguiente escalón es el Vacío, no de la inexistencia, sino el de la Existencia Plena, acogiendo y Siendo, cuanto es albergado en Él, en el Yo, no como individualidad o parte, sino como Absoluto Vacío, en el que la existencia es Siendo Felicidad, Siendo Amor, sin tan siquiera ser conscientes de ello, simplemente Siendo.
          Esos momentos de felicidad, que nos transportan a un mundo idílico, pero sin tiempo, ni espacio, en un Ahora, en un Aquí Eternos, donde sin ser conscientes, somos Consciencia Pura, sin poder pensar, sin nuestra mente ordinaria al no existir un yo en separación, solamente podemos Ser Mente Pura.
          Buda.


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