Es precisamente para evitar los abusos
y violaciones de los Derechos de los demás e incluso hacia uno mismo, por lo
que se dictan las leyes. Se dictan presuntamente para obligarnos a respetar, si
bien su redacción y nuestra falta de ética y Dignidad, esas leyes nos ayudan
precisamente para lo contrario: El abuso y violación de los débiles o
indefensos.
Pero lo que nos cuesta ver es, que
todas las leyes se dictan una vez que hemos abusado o violado los Derechos de
los demás. Por lo que difícilmente una Ley, nos obligará a encontrar los
principios y ética de la que carecemos y por tanto difícilmente, se manifestará
la Dignidad en nosotros.
Cuando algo escrito, necesita de
fuerzas del orden o de castigo, para que hagamos lo correcto, obviamente no es
por lo escrito, sino por la falta de responsabilidad y Dignidad con la que
contribuimos a la sociedad y al bienestar común.
Ese necesitar que nos controlen
nuestra libertad, debido a que no sabemos usarla, es lo que nos pesa, no son
realmente la Ley o las leyes, sino el tener que ser obligados a actuar como deberíamos
hacerlo, en nuestra manifestación como seres humanos, que es lo que decimos
ser.
Decimos que la Ley es igual para
todos, que es igual cada día y situación. Pero estamos equivocados, la Ley no
puede ser interpretada al pie de la letra, si lo que protege y defiende es la
Justicia, porque los hechos son consumados por personas diferentes y todas las
circunstancias son diferentes. Es precisamente por estas razones, por lo que es
necesario que un Juez, interprete la Letra de la Ley, para ponerla al servicio
de la Justicia.
Pero es esta necesidad de ser interpretada,
lo que hace que la redacción pierda nitidez y claridad en su forma de ser escrita.
Esta falta de claridad, y el hecho de
tener que ser interpretada, es lo que permite, que, en lugar de servir a la Justicia,
pueda ser usada para lo contrario, la protección de: Abusos, violaciones,
corrupción, delincuencia y lo peor de todo: La Prevaricación.
Nuestros problemas de convivencia, de
relación y de respeto por los demás, no pueden ser solucionados por leyes
escritas, sin importar si son buenas o malas. La Libertad en la convivencia, la
sinceridad en la relación, la confianza en que sólo es necesario ser
responsables de nuestra contribución y que los demás cumplirán con la suya. No puede
ser creada o cimentarse en la Ley, sino en la Dignidad personal.
La Ley puede obligarnos, puede
vigilarnos, castigarnos, pero no puede crear la responsabilidad que nos lleva a
hacer lo correcto en cualquier situación, algo que no significa que no nos
equivoquemos.
Pero es la Dignidad, la que siembra y
alimenta, la convivencia en paz, amor y por tanto dentro de la felicidad. Porque
es lo único que permite que sin cargar nada, podamos coexistir en el Respeto
mutuo.
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