Todos los días, cada minuto, cada
segundo es el de la Vida, independientemente de la manifestación que se sea.
Cada instante de nuestras vidas, deberíamos respetar al resto del Universo.
Pero al final nos conformamos con un
día al año, con manifestaciones de que los demás no respetan lo que nosotros
respetamos. Pero ocultando lo que los demás respetan que nosotros no
respetamos.
El resultado es la confrontación. El
deseo de igualdad de hombres y mujeres, cuando a simple vista sabemos que somos
diferentes. Pero el respeto, no es sólo por los humanoides, sino por cada
individualidad que existe aparte de nosotros, de nuestro yo.
El respeto, no conoce de: Animal o
planta, femenino o masculino, grande o pequeño, bueno o malo. El respeto es por
lo demás, por las diferencias, por la libertad de manifestación. Todo ello
dentro del respeto, debe caminar en la dirección correcta.
El trabajo no conoce quién lo realiza,
por lo que el salario tampoco debería hacerlo. Lo único que debe hacer un
salario es compensar el esfuerzo y dedicación en una función, que podría hacer
que los salarios fuesen todos diferentes, al ser todos diferentes.
Hay trabajos, que necesitan cualidades
diferentes, unas veces lo femenino se adapta mejor y otras es lo masculino lo
que mejor se adapta, algo que es indiferente el ser hombre o mujer.
Durante milenios, tras una guerra, la
recuperación del grupo o de la tribu, dependía exclusivamente del número de
mujeres que habían quedado vivas. Lo que hizo natural, que cuando había guerras
la mayoría de las mujeres eran ocultadas o no iban al campo de batalla.
No creo que fuese por ser mujeres,
sino por sentido común.
La propia naturaleza de la
masculinidad, hace que generalmente el hombre sea más musculoso y tenga más
fuerza física. Mientras la femenina tenga mayor resistencia síquica y
constancia, que le permitía hacer lo necesario rutinario. Creándose un reparto
de la actividad, natural en esos tiempos.
Seguimos pensando que esas actividades
dependen de ser hombre o mujer, realmente cada uno tiene su mitad femenina y su
mitad masculina, donde la prevalencia natural es la masculina en el hombre y la
femenina en la mujer.
En general, las confrontaciones,
abusos, malos tratos, violaciones, diferenciación y la no aceptación o
entendimiento del papel del otro, no proviene de ser un sexo u otro, sino de la
falta de respeto, que el egoísmo hace nacer y aflorar en nosotros.
Si tuviese que decir dónde se origina
la falta de respeto, mi respuesta sería que en la: Ignorancia, el Miedo y la
Cobardía, pues no sólo conllevan la falta de respeto por los demás, sino que
nacen en la falta de respeto por nosotros mismos.
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