No pretendo molestaros

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Yui Shin

jueves, 17 de septiembre de 2015

NUESTRA GUERRA


          Me encontraba el otro día con una frase del Baghabad Gita, un libro que de alguna manera me impresionó al leerlo en la Biblioteca Tibetana de Dharamsala, India. No fue solamente lo escrito sino el estar viendo y conviviendo en la cultura que le había originado y que él enriqueció, lo que probablemente hiciese que mi actitud al leerlo, no fuese la de “la historia de una batalla antigua, de la mitología hindú”.
          Es difícil recordar mis impresiones de aquellos momentos, en ingles, con montones de nombres y referencias, de algo que no entendía, como es toda esa mitología de dioses y semidioses mezclados con la gente, pero que no obstante me impresionó.
          Posteriormente lo he leído varias veces, gustándome más cada vez que lo leo: poesía sencilla, sentimientos profundos, lectura fácil a pesar de lo complicado de los nombres, no muy largo, y sobre todo una batalla que es la de cada día, encontrar el equilibrio: “En nuestro interior, el interior-exterior, mortal-Eterno, Dios-hombre, cuerpo-Espíritu, el equilibrio en nuestra relación con las diferentes situaciones de nuestra dualidad, y la relaciones con la Vida en nuestra manifestación. Esa es la guerra del Bhagabad Gita.
          Esto es parte del primer capítulo, tras la introducción de los personajes.

ARJUNA:
28.     ¡Oh, Krishna! viendo a mis familiares preparados para la batalla, mis párpados desfallecen y se cierran; y mi boca se seca y queda amarga, temblores recorren mi cuerpo y mi cabello se eriza con horror.
29.     Mi arco Gandiva cae de mis manos, el pecho me arde, y mis músculos desfallecen pudiendo apenas mantenerme en pie, pues mi mente vaga en todas las direcciones. Presiento malos augurios.
30.     ¡Oh, Krishna! ¿Por qué matar a mis propios familiares en el fragor de la batalla?
31.     No veo ninguna gloria en ello. No tengo deseos de victoria.
32.     ¡Oh, Krishna! Ni siquiera por el reino y todos sus placeres. ¿Cómo podemos querer un reino, o sus placeres o incluso la vida?
33.     Cuando aquéllos para los que desearíamos ese reino y esos placeres, y los goces de la vida, están aquí en este campo de batalla, a punto de perder su vida y sus riquezas.
34.     Listos, y dispuestos a exponer su vida en esta batalla, se encuentran: maestros, padres, hijos, abuelos, nietos, padres, yernos y esposos de esposas que solas quedan.
35.     De ningún modo quiero dañarles, ¡Oh, Krishna!. Incluso aunque deseasen matarme, no los dañaría ni por el imperio de los tres mundos11; menos aún, por un reino en esta tierra.
36.     La desgracia recaería sobre nosotros, si matamos a estos hombres; aunque sean malos. ¿Qué gozo encontraríamos en su muerte, ¡Oh, Krishna!, liberador de las almas?
37.     ¿Acaso puedo matar a mis familiares, los hijos del rey Dhritarashtra, hermano de mi propio padre? ¿Qué felicidad obtendríamos matando a nuestros seres queridos en la batalla?
38.     Aunque ellos, con sus mentes obcecadas por la codicia, no tengan ningún reparo en destruir una familia, ni en traicionar a sus propios amigos.
39.     Nosotros no deberíamos hacer esto, ya que vemos maldad en la destrucción. ¿No crees que deberíamos cuidarnos de cometer semejante fechoría?
40.     Con la destrucción de una familia desaparecen sus virtudes y tradiciones, y al faltar estas virtudes, la iniquidad corroe el seno de la familia.
41.     Cuando esto sucede, ¡Oh, Krishna!, las mujeres de esa familia se corrompen, y su corrupción origina gran confusión en las castas y en el orden social12.
42.     Este desmán llevará a la familia y a los destructores de la familia a un destino fatal. Los espíritus de sus muertos sufrirán en el infierno al verse privados de las ofrendas y los ritos funerarios.
43.     El delito de los destructores de la familia, cuyo resultado es el desorden social, destruye la nobleza del nacimiento, los antiguos ritos y los altos valores.
44.     Y, ¡Oh, Krishna!, los hombres cuyas virtudes familiares están corrompidas, son condenados al infierno. Así nos ha sido dicho.
45.     ¡Oh mal día! Qué espíritu maligno ha poseído nuestras mentes, cuando aquí estamos, dispuestos a matar a nuestra propia gente en el campo de batalla por un reino terrenal.
46.     Más me valdría que los hijos de Dhritarashtra, encontrándome desarmado y sin ofrecer resistencia, me aniquilasen en medio de la lucha.

SANJAYA:
47.     Así habló Arjuna en el campo de batalla; y dejando a un lado su arco y sus flechas, con su alma inundada por la desesperación y la pena, se desplomó abatido sobre el asiento de su carro.

11     Habitan el mundo terrestre los hombres y animales que se encuentran por encima de los siete patalas, donde viven demonios y seres de naturaleza inferior. Debajo de ellos se hallan los infiernos (narakas), donde expían sus penas los pecadores. El paraíso está sobre el mundo terrestre, en él se encuentran las moradas de beatitud habitadas por dioses y sabios.
12      Con el paso de la India védica a la Edad heroica, quedó constituido así el sistema de castas (yama): La principal es la brahmánica, que se supone que salió de la boca de Brahma. Está compuesta por sacerdotes cuya labor principal es estudiar los libros sagrados y cumplir los ritos. La siguiente casta es la Kshatrya o Chatria, proviene de los brazos de Brahma. Eran los guerreros, reyes, nobles, príncipes y amos de grandes extensiones. La tercera casta es la Vaisya, que según la tradición salió del vientre y los muslos de Brahma. Eran comerciantes y agricultores. Por último los Sudras vienen de los pies. Era la casta impura formada por los siervos y parias.

          Diariamente tenemos que tomar decisiones, a un lado del campo de batalla están nuestras ambiciones, la materia y los ejércitos espirituales que van a las batallas. Del otro está nuestra conciencia limpia, nuestra parte abierta a la Vida, nuestro aspecto más humano, apoyado por nuestro amor a los que nos rodean y los consejos del Maestro, el que eternamente habita en nuestro interior y que solamente conoceremos al estar preparados. Es cuando escuchamos y nos esforzamos por seguir la Voz de nuestro Silencio Interior, cuando la Voz del Maestro resuena nítida en nuestros corazones, poniendo entonces, lo que creemos ser a sus pies, para que al vivir en el Maestro podamos manifestar su esencia sin cambiar lo que somos.
          Está sacado de la traducción de Julio Pardilla, que he leído en Pdf, en Internet. Las traducciones hay muchas y buenas, pero lo que me ha gustado de esta sobre todo, son las explicaciones que da en el prólogo e introducción, explicando las bases del libro, las cuales me han parecido interesantes.


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