No pretendo molestaros

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Yui Shin

miércoles, 27 de abril de 2016

SIGUIENDO AL FLAUTISTA


       A veces deberíamos mirar en los cuentos, en las fábulas donde los antiguos expresaban su visión del mundo que les rodeaba.
En Alemania y supongo que en otros lugares con diferentes ejemplos o situaciones, había una leyenda de la que los hermanos Grimm escribieron un cuento, que relata la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hameln: “El flautista de Hamelin”.
       Un flautista, coge los problemas de la gente, y engañándoles con el sonido de la música de su flauta, los arroja al mar. Al no recibir el pago acordado por su servicio, engaña a los herederos del pueblo. De nuevo la música de la flauta, resuena por las calles llenas de los hijos, de quienes no pagaron el precio prometido, y fueron llevados a la gruta del olvido, para no regresar más, destruyendo así la vida y el futuro del pueblo.
       Cuántas veces hemos leído u oído historias y fábulas de quien vende su alma al diablo.
       Pero seguimos sin pretender bailar, disfrutar de la música, cuando suena y la música que se escucha en el momento, no porque esté sonando, sino porque aceptamos o somos responsables de estar bailando, pero nunca seguiremos al músico, sino a la música que resuena en nosotros.
       El precio de ser gente, de no ser responsables de nuestro baile y felicidad, de nuestros logros. Solamente nos llevará a no dejar de ser gente, con el problema que ello conlleva, que no es otro que el de seguir al flautista, al diablo, que solamente tiene un precio: “Nuestra Alma”.
       Miramos a la sociedad que hemos creado y solamente encontramos que el “Culpable es el otro Flautista”, ni tan siquiera llegamos a sentir un vislumbre de libertad que permita, esbozar la posibilidad de ser los responsables de nuestras vidas, de nuestra situación.
       Países enteros en guerra, en corrupción, en ruinas morales, económicas, buscando culpables, añorando la paz, la convivencia, el reparto de lo poco o mucho, que tengamos de una forma en la que se vea la humanidad. Pero buscamos la solución en seguir al flautista, al diablo, que solamente encontraremos al vender nuestra alma.
       No es necesaria la música para bailar, no se necesita apropiarse de lo de los demás, no hay nada mejor para la felicidad que ser buenos vecinos, buena gente, no es necesario el flautista.
       Para ser felices, para poder convivir, solamente hay que conservar nuestra alma, nuestra responsabilidad, porque no somos gente, somos: El Alma de la Humanidad, la Música de la Vida, donde reside la Responsabilidad de la Libertad.


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