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Yui Shin

jueves, 28 de abril de 2016

LIBERTAD ZEN


          Mucho antes de que Shakyamuni naciese, antes de que corretease por los jardines de palacio y viviese rodeado de belleza y juventud, millones de meditadores habían alcanzado altas metas, habían alcanzado la unión con su Dios, con el Espíritu, con el Todo.
          Él salió de palacio, de la vida que conocía en busca del por qué de la propia vida, de alcanzar la disolución de la Gran Duda, de saber el por qué en una vida de felicidad como la suya, no podía librarse del sufrimiento. Buscó sin poder hallar nada más que lo que podía ser encontrado, sintiendo la insatisfacción, la dependencia de la duda, la carga de lo que encontraba. Pero su meta no era encontrar lo posible de encontrar, sino lo inalcanzable, lo que no puede ser encontrado. Siguió buscando incansablemente, hasta el punto de que prometió: “Que el sol seque mis huesos, mientras quede un hálito de vida en el cuerpo, no me levantaré hasta que haya logrado la Verdadera Iluminación,”.
          Más de dos mil años han pasado y cuántos de nosotros hemos sentido el dolor en el cuerpo, la corrosiva duda, la paz de la Meditación, la unión con cuanto nos rodea, años de práctica, años de búsqueda de Maestro, las interrogantes de: “si será mejor el Yoga, o el Hinayana, o el Mahayana, o el Chamanismo, o los Sufies, o acaso la tan admirada Meditación Zen, o quizás el Cristianismo”.
          Práctica, desesperación, búsqueda, esfuerzo, dedicación, en pos de la tranquilidad de la Iluminación que nos lleve a la Felicidad, a la Libertad, al encuentro con nuestro Ser, nuestro Espíritu.
          Todo ello es inútil, pero necesario, no encontraremos sin buscar. No hallaremos si buscamos.
          No conseguiremos nada sin esfuerzo, pero el esfuerzo no nos llevará al sitio donde está la Libertad y la Felicidad.
          Nuestra meta es la Iluminación, la Realización de nuestra Unidad con el Todo, pero nunca podremos llegar a ella, independientemente del esfuerzo, de la dedicación, de la entrega, del dolor que suframos o dediquemos, las metas que nos hemos trazado son imposibles de alcanzar.
          Shakyamuni, recorrió este camino, lo que encontró es que no era por medio del esfuerzo o la dedicación, como se alcanzan las metas, pues la Meta es llegar a “Aquí”, que es el único sitio donde no podemos ir, el que no podemos alcanzar.
          Descubrió que no se puede alcanzar la Libertad, la Iluminación, la Felicidad, que independientemente de las vidas que dediquemos a ello, incluso con una entrega absoluta, son metas que no podremos alcanzar o conseguir.
          Habiendo recorrido todos los caminos que podían ser recorridos, practicando todas las meditaciones que podían ser practicadas, soportando todas las privaciones hasta casi no tener noción de vivir, un día sentado bajo el árbol Bodhi, viendo que lo que le había impedido alcanzar todas las metas había sido lo mismo, se diluyo en el Vacío, impidiendo así que hubiese: “Buscador, meditador, o algo que se esforzase, disfrutase o padeciese, diluyo a Shakyamuni y todas sus vidas”.
          No por ello desapareció nada, solamente desapareció el espejo donde las partes del Todo se reflejaban.
          No habiendo quien meditase, solamente quedó la Meditación, no habiendo metas eternamente llegó a ella en el “Aquí”, no habiendo nada que sufriese o buscase la felicidad solamente quedó Felicidad, no quedando quien pudiese manifestar la Vida, solamente quedó la Libertad de la Vida.
          Solamente cuando no hubo Shakyamuni buscando, pudo encontrar Shakyamuni la Verdad.
          Cuando no hubo quien tuviese la Gran Duda, la Gran Duda encontró todas las respuestas.
                                                                                            Cuando no hubo quien buscase la Libertad, la Libertad se manifestó en Todo.


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