No pretendo molestaros

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Yui Shin

jueves, 29 de diciembre de 2016

NOSTALGIA DEL BARRIO


          Los políticos, no sé por qué, me recuerdan casi siempre a mi barrio marginal y periférico.
          Vivíamos en completa democracia, el jefe del barrio o sus veteranos, nos decían lo que teníamos que hacer y lo hacíamos libremente, para que ayudasen a nuestras familias, nos daban permiso para no ir al colegio y no necesitábamos a la policía, abogados o jueces, que nos dijesen nada más.
          Por la mañana, a los que se les había asignado, se dedicaban a recoger los donativos voluntarios de los comerciantes del barrio, que abrían por las mañanas. Por las tardes recogíamos los de los que lo hacían por la tarde y lo mismo con los de la noche. Las chicas hacían felices a los del barrio y a los visitantes, los jóvenes si eran solicitados también, y cuando no, cambiábamos papelinas por donativos. No sabíamos lo que tenían dentro, los veteranos nos decían la papelina que teníamos que dar según el donativo.
          Si alguna de las pocas veces que entraba la policía, alguno daba una respuesta que no le hubiesen dicho y era buena según los veteranos, pues te ascendían a jefe de grupo. Éramos “Los rufianes”,  siempre se había llamado así la gente del barrio, no solíamos salir, ni dejábamos entrar a nadie de fuera si no era donante.
          Es que para ser demócrata lo mejor es no cumplir las leyes, de política no entiendo, pero era lo que hacíamos en mi barrio. Lo que decía el jefe era “La Democracia”, los demás decíamos que sí voluntariamente, a uno que dijo que lo pensaría, pues no le dejaron abrir la tienda y a otro que la tenía, tuvo un accidente y no la volvió a abrir.
          Me recuerda los donativos voluntarios del 3 o el 10 por ciento, que se dan en alguna Comunidad periférica, o cuando alguien no es demócrata y quiere que su hijo no sea adoctrinado con las ideas del político, y que pueda malearse pensando por sí mismo. U otros que quieren llamar a su negocio por nombres pecaminosos, por ejemplo: “Casa José”, cuando lo democrático y correcto es: “Casa Josep”. O si sabes que algún vecino escucha la radio o ve televisiones extranjeras subversivas, pues lo dices.
          En mi barrio o le hacíamos la vida imposible, o directamente le echábamos del barrio, si querían seguir viviendo con nosotros, tenían que ofrecernos voluntariamente un donativo mayor, que sus hijos entretuviesen a más forasteros o que recogiesen más donativos de las papelinas.
          Por supuesto, si alguna vez a algún policía se le ocurría venir al barrio y preguntarnos por lo que hacíamos, le rodeábamos todos los del barrio, y al final se hacía “amiguete”, nos daba un cigarrillo, incluso a los que no fumábamos. Era divertido, todos en manada, como nos había dicho el jefe, para conservar la paz y la democracia.
          No nos hacía falta ni ir al colegio, aprendíamos todo lo necesario, del jefe y los veteranos, para que no pensásemos cosas incorrectas, como nos decían en broma: “no nos hacía falta ni pensar en las correctas”.
          Es que escuchando a los políticos periféricos, me siento nostálgico y me acuerdo del barrio, cuando todo era perfecto y podíamos pastar en el prado que nos decía el jefe, o los veteranos. Eso sí cuando ellos nos decían.
          Es que desde luego para vivir en democracia, no hay nada como vivir libremente como te dicen. Cuántos políticos hay que me recuerdan al jefe y a los veteranos, todo lo hacen por nuestro bien, para qué nos hace falta estudiar, tener otro trabajo o la seguridad social, si los amos usan el dinero para que el barrio sea nuestro, por un módico 3 o 50 por ciento.

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