No pretendo molestaros

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Yui Shin

jueves, 23 de noviembre de 2017

LA SOMBRA

          Quizás es la parte que desearíamos erradicar de la dualidad, esa mitad negativa que se interpone en nuestra manifestación, nuestra unión con el Todo, con Dios. Nuestra llegada a la Luz Eterna, donde manifestarnos como personas Iluminadas en un lugar donde la Sombra no tenga existencia.
          Alguna vez, he escrito acerca de cómo percibo yo la Sombra, que no es como entidad, sino algo realmente existente en un Universo de Luz, en una Vida Iluminada en su Absolutez. Es ese al menos, mi entendimiento de Ella desde lo poco que he leído acerca del Budismo y lo que entendí de la sonrisa de mi Maestro.
          Siendo, que la Sombra solamente se manifiesta cuando interponemos algo entre ella y nuestra propia luz, en la que percibimos nuestra manifestación manifestada como sombra, junto con todo aquello que nosotros creamos en la Luz. Todo aquello que es creado por nosotros, por nuestra mente, dentro del Libre Albedrío con el que cada individualidad es creada en la Luz, produce sombra.
          Nuestra percepción de Ella, nos debería indicar con claridad el por qué podemos percibirla, que obviamente sería porque no lo somos.
          Es al leer lo escrito en las religiones cuando nuestro entendimiento ha creado el concepto de la Sombra, pues obviamente: nuestra percepción de Dios y su Creación, del Bien y del Mal, Cielo e Infierno, nos llevará siempre al encuentro del opuesto de la Luz, necesitando la creación de la Sombra, para poder llegar a la Luz, que es algo a lo que podremos dedicar nuestra vida como ego, que siendo nuestra creación, produce la sombra con la cuál nos identificamos e identificamos la sombra de cuanto contemplamos como separado de nosotros.
          La luz no crea separaciones, incluso una luz muy luminosa, impide percibir los objetos o sus formas, no es necesario imaginar un mundo donde todo estuviese formado por Luz.
          Shakyamuni en varios de los Sutras, nos explica cómo una niña del mundo de los Espíritus Hambrientos llegaría a ser Buda. Al explicarle a varios de sus seguidores y discípulos, cuándo y cómo llegaría el momento de su Iluminación como Buda, lo hace también hacia aquellos habitantes de los mundos en los cuales se pensaba que nunca podrían hacerlo.
          Solamente les dice, el gran esfuerzo, las dificultades que tendrían debido al gran sufrimiento en el que vivían. Algo que haría que el tiempo necesario, fuese más largo, pero no como regla, sino como deducción lógica. El paso de demonio a Buda es el mismo que el de un Bodhisattva, instantáneo, pues simplemente es desprenderte de la sombra lo que se necesita. El Buda que vive en Todo, se manifiesta en cuanto retiramos lo que lo oculta, la sombra que nosotros creamos y solamente nosotros podemos dejar de crear.
          Pero también en la misma conversación, les dice los otros que tendrían tanta o más dificultad para realizarse como Buda, dejar la sombra que les oculta, esos son los Dioses de cada Mundo, porque ellos están ensombrecidos por su cercanía a la Luz, por su perfección, por haber llegado tan cerca que les es casi imposible percibir su sombra. Es tras muchos eones, muchas obras buenas y su dedicación al mundo que rigen, por el que alcanzarán los méritos suficientes para poder reencarnarse como ser humano, pudiendo así Iluminarse como Buda, dejando de crear su sombra.
          Todos estos relatos, provienen del conocimiento ancestral, hay que leerlos, hay que masticarlos, hay que digerirlos, pero solamente cuando sean lo que somos, cuando estén en cuanto manifestamos, cuando seamos la Luz que Ilumina ese Conocimiento, cuando dejaremos de producir la Sombra que observamos en ellas, en nuestras sociedades, en nuestras vidas.
          Nunca podremos destruir la Sombra, porque Ella es solamente Luz.
          Su manifestación, es necesaria para que percibamos cuando interponemos algo, cuándo hemos creado algo innecesario en nuestro Ser de Luz.


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