No pretendo molestaros

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Yui Shin

viernes, 16 de marzo de 2018

HABLANDO DE DIGNIDAD

          Es difícil de encontrar la Dignidad, cuando consideramos que somos la única isla de Dignidad existente en el océano de Indignidad que nos rodea.
          Todos podemos ver, percibir, criticar y decir que luchamos contra ella, la pérfida indignidad que nos aleja de la Justicia, de la Armonía y de una convivencia humana.
          Cada uno de nosotros estamos seguros, pues la vemos con claridad, en: los poderes, en los ricos, en los gobiernos, en la sociedad, en la familia, en los demás, que es fuera de nosotros donde reside la Indignidad.
          Pero no nos hemos esforzado en ser los que rigen los poderes, los gobiernos, las grandes corporaciones, limitándonos a criticar, a reclamar, a protestar, a pedir que nos impongan la dignidad por ley, obligarnos a vivir usando y reconociendo la Dignidad.
          Pero: ¿Qué hacemos por llevar la Dignidad a nuestro alrededor?, ¿Qué esfuerzo hemos realizado, para ser los líderes de los poderes que llevan al rebaño?. Nos hemos limitado a pedir, a reclamar, a exigir, que alguien nos obligue a vivir y usar la Dignidad.
          En matemáticas, se dice que un número con un 9 en periodo, tiende al numero siguiente. Ese océano de Indignidad contiene las aguas del silencio o desuso del 99,99999999999 …..% de la gente digna, rodeando el 0,0000000000000……..1% inexistente, de esa isla de Dignidad.
          Incluso cuando el 100% de la gente fuese buena, honrada y decente, sin Dignidad no podría haber Justicia y Verdad.
          Es la isla de la Dignidad, la que permite el enraizamiento y crecimiento a la existencia de ambas.
          Pero no existe la Dignidad de los demás, no se encuentra pidiéndola o siendo ejercida por otros. Solamente la Dignidad que usamos al vivir es nuestra, la única que existe para cada uno es la suya. La única que podemos crear es la nuestra, siendo nuestra fortaleza de permanecer y existir en ella, la que permitirá que sea aceptada y usada por los demás.
          El lugar donde encontrarla es en nosotros, pero para verla hay que mirar fuera, a nuestro alrededor. Cuando vemos corrupción, guerras, violaciones de todo tipo y condición, cuando se busca el ser obligados a vivir correctamente, cuando reclamamos a los demás, cuando culpabilizamos a los demás, cuando hay un mínimo de injusticia o aparece la mentira, es por ausencia de la Dignidad.
          Podemos decir que somos dignos por una u otra razón, pero si mentimos, si hacemos lo incorrecto, si no luchamos por la Justicia y la Verdad desde la paz, no somos dignos, no tenemos Dignidad.
          “Por sus frutos los conoceréis”, es la sociedad que vivimos la que indica si hay Dignidad en nosotros, o solamente llenamos el océano de la Indignidad.
          Nuestra sociedad es nuestro fruto, su Humanidad, Armonía, Justicia y Verdad, dice si crece en la isla de la Dignidad, o en el océano de la Indignidad.
          No es necesaria una isla mayor, pues solamente un mínimo de ella haría crecer a toda la Humanidad.



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