La Impermanencia del Universo y cuantas individualidades lo forman, nos ofrece para nuestro disfrute y creatividad una tarta: El propio Ser del Universo.
Nuestra Libertad, nos permite
dividirla, repartirla y comerla o despreciarla tirándola. Pero
independientemente del tamaño, la tarta es única y al repartirla podemos
hacerlo equitativamente, usando cada individualidad lo que necesita o de la
forma que deseen la mayoría o la minoría.
Lo que no podemos cambiar es, que si
usamos más de lo que necesitamos y no haya alguien que tenga que usar menos de
lo que necesita. Como cualquier tarta al ser dividida, si alguien tiene un
trozo más grande, alguien o todos los demás lo tendrán más pequeño.
Lo que repartimos en cada Ahora es el
Universo, nuestro Ser, que lo compartamos como hermanos o partes de ese mismo
Universo, depende sólo si usamos nuestra humanidad para compartir o nuestro ego
decide lo que nosotros deseamos.
Para que exista necesidad, hambre o
injusticia en la Tierra, sólo es necesario que alguien coja más de lo que
necesita o abuse de su fuerza o poder para violar los derechos de los demás.
La Vida, la Tierra y el Universo, nos
dan lo necesario para compartir y tener suficiente todas las individualidades.
Siendo precisamente la forma de compartirlo o repartirlo, lo que determinará si
nuestra sociedad es humana o controlada por el ego.
No es la carne o nuestra mente las que
controlan y nos obligan a ser ambiciosos y egoístas, es nuestra forma de usar
estas herramientas las que determinan nuestro futuro, nuestro presente, nuestra
decisión de servir y ser esclavos de nuestro ego.
Las religiones, nos han dado recetas
para crear y compartir la tarta, pero desconocen los ingredientes y tamaño de
la tarta que compartimos. Por lo que somos nosotros los que debemos crear la
tarta y cómo compartirla, pues es lo que determinará la sociedad que crearemos
y permaneceremos sumergidos e inmersos en ella.
La Injusticia, obliga a crear Leyes,
que al ser violadas, nos obligará a crear nuevas leyes y castigos. El Amor,
sólo crea Justicia, pues no hay demás al no haber yo y su entrega hace que
todos nos entreguemos a cada uno, formando una sociedad en la que sólo existe
el Uno.

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