No pretendo molestaros

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Yui Shin

jueves, 26 de marzo de 2026

DECIR Y SER

         Una vez que hayas cruzado el profundo océano de Maya estarás aún más allá de lo que hay escrito en cualquier escritura; ya sea de tiempos pasados o los que han de venir. Cap. 2. Verso 52.

¡Oh, Krishna! ¿Cuáles son los síntomas que permiten reconocer a un hombre sabio, dotado de visión divina? ¿De qué modo habla? ¿Cuál es su silencio? ¿Cómo actúa? Cap. 2. Verso 54.

Quien no se regocija en la fortuna y los bienes, ni se apena en el infortunio o la enfermedad; aquél que donde quiera que esté está libre de ataduras, sin duda posee suprema sabiduría. Cap. 2. Verso 57.

El apego surge del deleite en los placeres de los sentidos; del apego surge el deseo y del deseo, la lujuria y el ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira. Cap. 2. Verso 62.

La pasión turba a la mente y merma la memoria, haciéndonos olvidar nuestro deber. Esto acarrea la insensatez, y la insensatez lleva al hombre a la destrucción. Cap. 2. Verso 63.

          Desconozco los miles de traducciones de este libro, que se han realizado desde hace miles de años, la mayoría supongo desde las que he visto o leído, que tratan de conservar lo que fue escrito en sanscrito hace miles de años.

          Miles de años después, aún seguimos entendiendo lo que alguien ha traducido, sin tener en cuenta que deberíamos haber evolucionado en nuestra condición humana y por tanto en el entendimiento de lo que ha sido escrito.

          Nos habla de Maya, o lo que es lo mismo, nuestro mundo de dualidades separadas y con nuestra visión de la Vida desde el ego. Lejos de lo que Krisna trata de que vea Arjuna, pues no se trata de enseñar lo que alguien sabe, sino el que pueda encontrarse lo que hay en nosotros mismos.

          Decimos que somos hijos de Dios o de la Vida, que somos seres humanos, y nuestra mente lo acepta sin que nos atrevamos a mirar la realidad o al menos, ver si nuestros actos y lo que estamos creando se corresponde con lo que decimos ser.

          Cuando Shakyamuni dice que todo es Buda, no nos engaña, nos dice su Verdad y lo que el conoce o piensa. Pero no son las palabras o lo que pensamos o creemos, lo que crea nuestra realidad, sino los hechos y lo que manifestamos al vivir. Esa es nuestra realidad, como decía Jesús: “Por sus actos conoceréis lo que algo es”.

          Todas las explicaciones son diferentes, incluso la traducción de un mismo libro, puede ser muy diferente. Pero qué podemos decir si lo que cada uno entiende de una misma frase también lo es. No podemos decir que hemos sido confundidos o engañados, porque alguien haya interpretado desde el ego o equivocadamente uno de estos Libros Sagrados, somos los únicos responsables de nuestro entendimiento y nuestros actos.

          ¿Cómo actúa, habla, guarda silencio o qué signos manifiesta, el hombre sabio?, algo difícil de explicar, pues todo ello dependerá del observador. El hombre sabio, entregado a manifestar a Dios, carece de ego que actúe, hable o guarde silencio, tampoco hay un algo que posea sabiduría. Su entrega absoluta a manifestar a Dios, es simplemente la transmutación en Amor, que se realiza en la alquimia de la Humanidad. “El Amor, es la entrega Absoluta de lo que se es como individualidad separada, al Todo”, y ese Todo, significa todo.

          El apego y cuantos deseos y ambiciones poseemos, pertenecen al ego, origen y creador de nuestra sociedad, en la que ricos o pobres, necesitados o que nos sobre, en paz o en guerra, “de nuestro apego, surge el deseo y del deseo la lujuria y el ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira”.

          Todo ello, hace que esa mente que decimos nos hace humanos, sea una herramienta usada para satisfacer lo que deseamos y destruir lo que no nos gusta o es de los demás, o simplemente no podemos poseer.

          Ser hijos de Dios o de la Vida, ser seres humanos, se hace dando un paso que encuentre la Dignidad y el siguiente que nos sitúe dentro del Amor, donde entreguemos lo que creemos ser y transmutarnos en Amor, que es la Naturaleza de la Vida.


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