¡Oh, Krishna! ¿Cuáles son los síntomas que permiten
reconocer a un hombre sabio, dotado de visión divina? ¿De qué modo habla? ¿Cuál
es su silencio? ¿Cómo actúa? Cap. 2. Verso 54.
Quien no se regocija en la fortuna y los bienes, ni se
apena en el infortunio o la enfermedad; aquél que donde quiera que esté está
libre de ataduras, sin duda posee suprema sabiduría. Cap. 2. Verso 57.
El apego surge del deleite en los placeres de los sentidos;
del apego surge el deseo y del deseo, la lujuria y el
ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira. Cap. 2. Verso 62.
La pasión turba a la mente y merma la memoria, haciéndonos
olvidar nuestro deber. Esto acarrea la insensatez, y la insensatez lleva al
hombre a la destrucción. Cap. 2. Verso 63.
Miles de años
después, aún seguimos entendiendo lo que alguien ha traducido, sin tener en
cuenta que deberíamos haber evolucionado en nuestra condición humana y por
tanto en el entendimiento de lo que ha sido escrito.
Nos habla de Maya, o
lo que es lo mismo, nuestro mundo de dualidades separadas y con nuestra visión de
la Vida desde el ego. Lejos de lo que Krisna trata de que vea Arjuna, pues no
se trata de enseñar lo que alguien sabe, sino el que pueda encontrarse lo que
hay en nosotros mismos.
Decimos que somos
hijos de Dios o de la Vida, que somos seres humanos, y nuestra mente lo acepta
sin que nos atrevamos a mirar la realidad o al menos, ver si nuestros actos y
lo que estamos creando se corresponde con lo que decimos ser.
Cuando Shakyamuni
dice que todo es Buda, no nos engaña, nos dice su Verdad y lo que el conoce o
piensa. Pero no son las palabras o lo que pensamos o creemos, lo que crea
nuestra realidad, sino los hechos y lo que manifestamos al vivir. Esa es
nuestra realidad, como decía Jesús: “Por sus actos conoceréis lo que algo es”.
Todas las
explicaciones son diferentes, incluso la traducción de un mismo libro, puede
ser muy diferente. Pero qué podemos decir si lo que cada uno entiende de una
misma frase también lo es. No podemos decir que hemos sido confundidos o
engañados, porque alguien haya interpretado desde el ego o equivocadamente uno
de estos Libros Sagrados, somos los únicos responsables de nuestro
entendimiento y nuestros actos.
¿Cómo actúa, habla,
guarda silencio o qué signos manifiesta, el hombre sabio?, algo difícil de
explicar, pues todo ello dependerá del observador. El hombre sabio, entregado a
manifestar a Dios, carece de ego que actúe, hable o guarde silencio, tampoco
hay un algo que posea sabiduría. Su entrega absoluta a manifestar a Dios, es
simplemente la transmutación en Amor, que se realiza en la alquimia de la
Humanidad. “El Amor, es la entrega Absoluta de lo que se es como individualidad
separada, al Todo”, y ese Todo, significa todo.
El apego y cuantos
deseos y ambiciones poseemos, pertenecen al ego, origen y creador de nuestra
sociedad, en la que ricos o pobres, necesitados o que nos sobre, en paz o en
guerra, “de nuestro apego, surge el deseo y del deseo la lujuria y el ansia de
posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira”.
Todo ello, hace que
esa mente que decimos nos hace humanos, sea una herramienta usada para
satisfacer lo que deseamos y destruir lo que no nos gusta o es de los demás, o
simplemente no podemos poseer.
Ser hijos de Dios o
de la Vida, ser seres humanos, se hace dando un paso que encuentre la Dignidad
y el siguiente que nos sitúe dentro del Amor, donde entreguemos lo que creemos
ser y transmutarnos en Amor, que es la Naturaleza de la Vida.

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