Un día en el que me surgieron dudas acerca de Buda, decidí buscarlo y preguntarle directamente para encontrar la Verdad.
Le
encontré sentado en Meditación, sonriendo, consciente de mi llegada y de mis
dudas. Me senté frente a Él, y guardamos silencio por toda una Eternidad.
Solucionadas
mis dudas, seguí tranquilamente con mi vida, recorriendo el Universo, sin
moverme de Aquí, y sin que la Eternidad dejase de ser Ahora.
Mi
Maestro una vez me dijo, que: “Buda era Todo, que todo era Buda”.
¿Cómo
sentarme frente a Él?, ¿Cómo hablar?, ¿Cómo viajar por el tiempo y el espacio,
sin dejar de ser lo que soy?
Y es que al final, me di cuenta de que el problema, no era que Buda fuese yo, sino el que mi manifestación fuese Buda.
Y
es que no es ser discípulo, lo que hace que el Maestro te enseñe, sino que hay
que ser discípulo, para que el Maestro nazca, sin tener que enseñar algo que
pertenece al Maestro, a Buda, que tiene que nacer en nosotros para existir.

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