No pretendo molestaros

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Yui Shin

lunes, 21 de marzo de 2016

EL OÍDO NO ESCUCHA


          Me ha llamado la atención durante mucho tiempo, la incongruencia de muchas de las palabras usadas en las frases atribuidas a Buda, al menos en el significado que irradian hacia nuestra propia actitud para vivir , para nuestra convivencia y poder aceptarnos como somos, así como aceptar a los demás.
          Es difícil saber el significado, para los discípulos que repitieron o escribieron las frases tras su muerte, en un idioma el “Sanscrito”, que ha sido único para escribir acerca de la relación con el Espíritu, el Todo, lleno de palabras que definían con precisión situaciones, sentimientos, pensamientos, y sobre todo los conceptos de la Seidad de Buda, su Naturaleza, para que pudiese ser entendida, dentro de lo que puede serlo por medio de la palabra.
          Hablamos de: “Conseguir, alcanzar, silenciar, esforzarnos, controlar, erradicar, liberar, fuera, interior, Nirvana, sueño, realidad. . . . . . . ,”.
          Mientras: Shakyamuni, el Dharma, los Maestros, nos recuerdan que, no debemos discriminar ni tan siquiera la discriminación, que no hay Nirvana que alcanzar, que no podemos existir en ningún Universo que no sea Aquí y Ahora, que no hay espejo donde se pueda posar un polvo inexistente, que incluso si hubiese espejo no habría polvo, ni tan siquiera alguien que pudiese ver el espejo. Olvidamos que no hay una Mente que sea nuestra, ni tan siquiera un ego que nos pertenezca, según nos relata: "Buda el del Eterno Silencio", el que no habiendo nada por lo que pueda sentir Compasión, se llama “Buda De la Infinita Compasión”.
          Es por ello que al leer, al escuchar, al recordar las frases pronunciadas o atribuidas  a Buda, no son las palabras lo que forman la frase sino su propia vivencia, la nuestra, porque no hay vivencia de Buda, que no haya sido vivida por nosotros, por mí, por ti, por nosotros.
          En el Dammapada hay muchas de estas frases, es una recopilación de ellas, traducidas una y otra vez, de un idioma a otro, de una forma de vivenciar el sonido a otra, desde el entendimiento del Dharma, en lugar desde su experiencia directa, desde su vivencia, desde vivir las palabras.
          Así, vemos cómo nos recuerdan que hay cosas o estados que conseguir, situaciones y emociones que controlar, mentes que silenciar, controlar y dominar, que hay que abandonar unas vivencias para buscar otras, huir del apego hasta apegarnos a él.
          Decía el Maestro que: “Hacer la mínima distinción entre los opuestos, nos sumerge en los infiernos, que separamos Cielo y Tierra, Espíritu y Mára, Dharma e Ignorancia”. No hay discriminación, pero ello no nos debe llevar a creer que hay No-Discriminación.
         
4-II. La persona dotada de energía, atenta, que se comporta con pureza y reflexión, que controla sus sentidos y que actúa con rectitud, irradia una gloriosa luz espiritual para bien de todos quienes le rodean..
4-III. La mente es difícil de subyugar; ella es extremadamente sutil y tiene el hábito de correr detrás de sus fantasías. El sabio debe vigilarla atentamente; una mente controlada conduce hacia la Real Felicidad.
12-13-VI. En soledad, el sabio abandona la oscuridad del mundo y busca la Iluminación. Va en pos de la inefable felicidad que nace del desapego. Abandonando los placeres de los sentidos, libre de impedimentos, el sabio se libra a sí mismo de las impurezas de la mente.
2-VII. Los hombres de santidad se sumergen en meditación y no se apegan a ningún lugar donde vivir. Como el cisne que deja su lago, ellos abandonan su morada y se marchan como monjes peregrinos.
13-VIII. Mejor que cien años de vida en la pereza y la negligencia, es un solo día vivido activamente y haciendo buenas obras.                                                      
5-XVI. Del apego nace el dolor; y también del apego nace el temor; para aquel que se halla completamente libre de apegos no existe el dolor, y mucho menos el temor.
14-XVII. El sabio que disciplina sus actos y también su palabra se halla en camino hacia la serenidad. El sabio que, además, controla su mente, en verdad, se ha dominado a sí mismo.

         Cuando creemos que controlar la Mente, es pensar nosotros lo que ella tiene que pensar; cuando entendemos que vivir en el Dharma es seguir unas enseñanzas de algún tipo; cuando lo que nos lleva a buscar y luchar por conseguir algo, es el pensar que hay un lugar donde podamos ir; cuando nuestra comprensión de las palabras de Buda es que hay algo que debamos erradicar, destruir, liberar, o discriminar. Estamos olvidando que la discriminación, la creencia de la dualidad en la que dos polaridades se oponen una a otra, es lo que nos hace vivir en la creencia de que Buda es algo que existe en nuestro interior o separado de nosotros.
          Todo Es Buda, Buda Es Todo, manifestándose en el Vacío donde Todo es acogido indiscriminadamente, porque la Existencia solamente es posible en el Amor, en la Naturaleza de Buda. Todas esas palabras pertenecen al sueño, a tratar de conocer el Sabor de la Vida, que es lo que Somos.

         Y es que las palabras son para ser escuchadas, algo imposible para el oído y natural para el Corazón, para la Naturaleza de Buda, para el Vacío.


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