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Yui Shin

lunes, 25 de abril de 2016

EL FLUIR DE LA PARADOJA


          En el budismo y especialmente en Zen, lo que es más común de todo es la paradoja, nada de lo que se busca puede ser encontrado, nada de lo que es puede ser conocido. Todo lo que conocemos, es lo inexistente, lo que realmente podemos encontrar es lo que nunca ha sido buscado, pero nunca puede ser encontrado.
          Es la incongruencia de que la finalidad última del esfuerzo de comer, es exterminar el hambre, lo que destruye la necesidad de comer. No hay nada de lo que el hombre persigue que pueda ser lo que realmente busca, porque nada de lo que puede poseer o encontrar, es lo que realmente es “Lo Buscado”, que es el saber lo que Es, pero lo único que no puede ser conocido es lo que somos. Es la paradoja de la vida que queremos vivir. Hay quizás una frase que encierra la inutilidad del esfuerzo, no es budista sino taoista:  “Fluir siendo uno con el Tao”.
Para explicar el por qué había sido elegido Hui-néng, para recibir el manto ortodoxo de transmisión como sexto patriarca, el quinto patriarca replicó: "Cuatrocientos noventa y nueve discípulos míos entienden bien lo que es el Budismo, salvo uno: Hui-néng. Este es un hombre que no ha de ser medido con un cartabón corriente. De ahí que el manto de la fe le haya sido transmitido a él."
Sobre esto, comenta Nan-ch'üan: "En la era del Vacío no hay palabra alguna; tan pronto aparece el Buda sobre la tierra, existen las palabras; de ahí nuestra adhesión a los signos... Y así como ahora nos aferramos con tanta firmeza a las palabras, nos limitamos de variados modos, mientras en el Gran Camino no existen, absolutamente, cosas tales como ignorancia o santidad. Todo lo que tiene nombre, por eso se limita. Por tanto, el viejo maestro de Chiang-hsi declaró que "no hay mente, ni Buda, ni nada."
La respuesta de Hui-néng a cómo había llegado a suceder al quinto patriarca: "Porque no entiendo el Budismo." En un pasaje del Kena-Upanishad, podemos hallar una singular coincidencia entre el vidente brahmánico y aquellos maestros Zen, no sólo en el pensamiento sino también en el modo que lo expresan:
"Lo concibe quien no Lo concibe; Quien Lo concibe, no Lo conoce. No Lo entienden quienes Lo entienden; Lo entienden quienes no Lo entienden." Lao-tzé, fundador del misticismo taoísta, respira el mismo espíritu cuando dice: "Quien lo conoce no habla; quien habla no lo conoce."
          El Zen nos lleva a Dhyana, la Meditación, nos anima a ser el observador, a seguir los pasos de Shakyamuni, a la Consciencia. Pero no es para que encontremos algo de ello, sino para que recorramos todos los caminos antes de sentarnos realmente a buscar, para que podamos "ser el Buscador".
          Mientras confiemos que hay algo que encontrar, seguiremos siendo buscadores perdidos en el deseo de encontrar, lo que nos alejaría del Zen. Mientras busquemos la consciencia, siendo conscientes de que estamos buscando, ¿Cómo podríamos encontrar el Zen?. Entonces solamente nos queda ser “El observador”, pero cuando tras inmensos esfuerzos podamos observar el Vacío del Zen, ¿Cómo podría existir un Vacío, lleno de observador y zen?.
          Shakyamuni, nunca dijo lo que había encontrado, le dio nombres diferentes, lo explicó para el entendimiento de los que escuchaban. Pero nunca trató de darle un nombre, dijo que era uno que había despertado (Buda), que no tenía nada que decir, que nunca pronunció palabra a lo largo de su vida, que nunca había alcanzado algo llamado Iluminación.
          “Todo es Buda, todos los seres sintientes y no sintientes son Iluminación en sí mismos, todo cuanto existe es Vacío en Naturaleza, no existe algo que pueda ser llamado ego”.
          Qué puede observar el “Observador”, si encontrase algo que observar, también sería observado por ello. Si eres el Eterno Observador, solamente puedes serlo “Siendo”, sin nada que le fije y pueda dejar de observar. Tener Consciencia, impide lo que realmente es el Zen: “Ser”, tener Consciencia impide serlo, Ser Consciencia, impide ser consciente de algo. Ser lo que se es, impide su percepción, meditar impide ser Meditación, pero mientras queda una sola opción de encontrar algo, el buscador todavía tiene opciones de encontrar. Solamente cuando todas las opciones se han recorrido, nos encontramos a las puertas del Zen.
          Este es el momento cuando realmente somos: Meditación, Buscador, Consciencia, Observador. Cuando no hay nada que Meditar, nada que buscar, nada de lo que ser conscientes, nada que observar. Cuando no hay puerta, si no lo somos.
          No hay nada donde pueda depositarse la Naturaleza del ego, por no haber no hay algo que pueda tener Naturaleza, esa es la Naturaleza de Buda, es la Naturaleza del Zen. Vacío de Naturaleza, de Buda, de Zen, de Meditación, de Consciencia.
          La paradoja de que para Ser realmente, no podemos encontrar algo que pueda Ser.


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