No pretendo molestaros

Al parecer, algunas personas se sienten ofendidas porque no las agrego a mi foro. No tengo, ni pertenezco a ninguno, simplemente escribo y lo publico en abierto, para que libremente pueda ser leído o comentado por las personas que lo deseen. Suelo comentar las páginas que me lo permiten y les parezca bien, de las personas que me añaden a su foro. Suele ser lo que siento al ver lo que han publicado, intentando dar una visión diferente, desde la que ha sido escrito. Lo que os agradezco.

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Yui Shin

jueves, 5 de enero de 2017

AL ACOGERME


          Hay situaciones y vivencias que nacen con nosotros, que debemos acoger y ayudar para que puedan manifestarse como lo que somos, sin que nos supongan un conflicto.
          De niño siempre he sido muy fantasioso, he contado cuentos desde que recuerdo, era príncipe y héroe mucho antes de leer TBOs, que podía moverse en el espacio, que había sido raptado, que salvaba a gentes desconocidas, que podía hacerse invisible, que tenía marcas por el que un día sería reconocido por su tribu de la que había sido alejado, cuentos de animales que hablaban. Sé que los contaba y los imaginaba en el pueblo, de donde salí con 8 años y que había estado estudiando, en lo que llamamos una especie de guardería en la que aprendías a escribir y leer.
          Más tarde, he dado masajes a personas con depresiones, con problemas por no encontrase a sí mismas, que no se percibían, que no aceptaban a la que sentían ser, tratando de obligarse a ser ahora, como deseaban verse.
          Ayer una persona vino a masaje, me decía que estaba mejor que el año pasado cuando vino, que estaba aprendiendo a ser como quería, a masticar antes de tragar.
          Viendo sus tensiones la dije que estaba intentando agradar a los demás, que no estaba todavía aceptando lo que “Ella era”, a sí misma. Me dijo que no, que ella decidía y trataba de ser como quería y pensaba que tenía que ser.
          Cuando nos aceptamos, no hay recriminaciones, ni “pero si”, o “sería mejor”, “preferiría”, cuando deseamos cambiar lo que estamos siendo, siempre es para satisfacer y ser como alguien desea, cuando no hay otro, está el yo. Es la misma insatisfacción, la misma imposición, el mismo rechazo de lo que somos.
          He tenido a lo largo de mi vida, tanta gente viviendo en mí, que no he tenido espacio para acoger las que los demás han querido añadir. Pero lo que he tenido es, que no los he sentido nunca como extraños, han convivido en mí en armonía, haciendo cada uno su parte, su función sin que yo percibiese, a quién era el que hacía.
          Siendo tan fantasioso, estando muchas veces en mis mundos mentales, eran esos personajes los que estaban. Yo, he sido buen estudiante, especialmente en matemáticas, en historia podía contarla, sin fechas ni nombres que nunca recordaba, mediano en gramática. En general con buenas notas, no he tenido problemas, en ninguno de los trabajos que he realizado, ni he creído vivir en los mundos de mis personalidades.
          Solamente en un momento, en una época de mi vida, los personajes se rebelaron, al menos fue mi impresión.
          Se enfrentaron, el que yo aceptaba como más cercano a mí, el que hablaba y pensaba por mí, con uno nuevo que decía lo que yo no quería decir, no me dejaba hablar, y me descolocó durante un tiempo.
          Fue con mi Maestro, argumentando con Él, no pude responder ni una sola de las ideas que pensaba como respuestas, alguien desconocido se introdujo a sí mismo en la conversación, dando respuestas alocadas, que no tenían nada que ver conmigo, con lo que pensaba y quería decir.
          Mirando a los dos, viendo que uno de ellos no permitía hablar al otro, que no le importaba lo que mi mente había razonado como respuesta, salí sumido en un lío, pensando, que vaya ridículo que había hecho en mis razonamientos, me imaginaba que la sonrisa del Maestro y el que me permitiese hablar más que otras veces, era para que hasta yo viviese mi ridículo.
          Han pasado los años, en mis diálogos y argumentaciones conmigo mismo, los dos, junto a los demás, se cuentan cómo ven las cosas, cada uno desde su punto de observación. Y yo a veces escribo lo que ninguno ha dicho, pues mi neutralidad me impide transcribir lo que dice uno de ellos. Es mi manera de armonizar: “Las fantasías del niño, las vivencias de los muchos que han vivido mis ahora, y especialmente a ese loco que habla y parece que no escucha, que parece no deja hablar a los demás”. Porque qué podía hacer, sino acogerlo en ese vacío que encuentro cuando trato de encontrarme.
          Al final me he tenido que convertir en el hogar de todos ellos, unas veces escriben y os cuentan sus cosas uno u otro, a veces soy yo el que viendo sus diferencias, sus divergencias, trato de armonizar sus visiones.

          La verdad es que a los demás los he tenido siempre acogidos en lo que soy, pero es al acoger a ese loco parlanchín, cuando he sentido que finalmente me he acogido.


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