No pretendo molestaros

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Yui Shin

miércoles, 12 de abril de 2017

BUSCÁNDOME

Buscamos, aquello que deseamos destruir, olvidar. Algo inexplicable, pues ni en nuestras más horribles pesadillas, diríamos esa motivación para cumplir nuestros deseos, para mantener nuestra búsqueda.
Escribía hace tiempo de un niño que deseaba ver sus ojos, dándose cuenta con el tiempo,  que nunca había visto realmente sus ojos, sino los ojos del agua, del espejo, de las fotografías, gracias a los ojos que nunca pudo ver.
Buscamos la: “Humanidad, la paz, la convivencia en armonía, una sociedad justa, muchas cosas que deseamos encontrar en algún lugar, en posesión de alguien, con una forma perceptible y que podamos tocar”.
  
(22 - II - 78)
A la luz de la vela,
Pienso en un niño,
Que buscando, buscando,
Se encontró un día perdido.
Preguntó a las estrellas,
Al sol, al viento,
A cuanto encontró en su camino,
¿Donde está Dios?,
Todo le contestaba,
“Pregúntale al río”.
A él se acercó,
Triste, cansado y compungido,
Al preguntarle, solo vio,
El rostro cansado
De un niño perdido.

          ¿Qué podemos contemplar a nuestro alrededor, sino nuestro reflejo?, no hay en el “Río de la Vida”, más imagen que nuestra cara, nuestra creación. No hay más Dios que el que estamos contemplando, a imagen y semejanza de nuestra imagen en el agua.
          Buscamos en la Vida, aquello que no hemos creado nosotros, algo que no sea a nuestra imagen y semejanza. Buscamos en nuestras luchas una sociedad en paz. En nuestra ambición una sociedad justa. En nuestro egoísmo, una sociedad armoniosa.
          Es nuestra búsqueda, la que impide que la encontremos. Es el deseo de encontrarla lo que hace imposible que la encontremos. Tenemos que crear en nosotros esa armonía, esa justicia, esa paz, para que sean las que ven los ojos del charco, del espejo. Una sociedad que refleje lo que siempre es reflejado: “Lo que somos nosotros”.
          Celebramos el crimen, la muerte, el asesinato de Jesús el Hijo de Dios, sin darnos cuenta que es el buscar el por qué de esa muerte, cuando olvidamos que es en nosotros donde muere el Hijo de Dios, que somos nosotros los que le asesinamos al no permitirle nacer, vivir y manifestarse en nuestro propio ser.
          Buscamos dentro, olvidándonos de afuera. Buscamos afuera, olvidándonos del dentro. Fuera está nuestro reflejo, dentro lo reflejado, los dos son uno mismo, no pudiendo existir el uno sin el otro.
          ¿Qué podría reflejar el río, si yo no me asomase?
          Todo lo que refleja y es reflejado, lo que muestra la existencia y la inexistencia, se llama Dios. Dios es también aquello que no refleja ni es reflejado, lo que no muestra existencia e inexistencia.
          No hay Buda sin el hombre, pero tampoco habría hombre sin Buda. No hay Universo sin Dios, pero no existiría Dios sin el Universo.


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