No pretendo molestaros

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Yui Shin

miércoles, 22 de agosto de 2018

VIVIR DE RECETAS

          Principalmente hay dos formas de salir de Dokusan: “Ufano, porque el Maestro estaba bien comido y se ha maravillado de tu profundo conocimiento del Zen. O bien, mosqueado o dudoso, pues has llegado en el momento en el cual el Maestro siente hambre, por lo que has recibido alguna pregunta o respuesta, que te hace sentir que se está burlando de ti o te manda a otro lugar rápidamente, sin permitirte hablar o cuando menos decir lo que pensabas manifestar”.
          Son días en los que deseas besarle y postrarte ante Él, o bien piensas que pierdes el tiempo y que cuanto más te alejes de un imbécil, más fácil es que alguien te enseñe o reconozca tu profundo conocimiento.
          Tú estás entre quedarte o irte, entre tener Maestro o huir de un gilipollas, el Maestro espera tranquilamente comiendo cuando tiene hambre. Su duda es si comerás algún día o simplemente estudiarás alimentación y dietética.
          A pesar de que mi práctica no era la del koan, cada vez que contaba alguno, lo leía o escuchaba, iba y le soltaba mi rollo, bienintencionado, pues mi deseo era que supiese lo que significaba y participarle de mi profundo conocimiento.
          En su profunda Compasión de Buda, me escuchaba asombrado, manifestando su admiración por la profundidad de mi conocimiento, cuando había comido. O bien me despachaba pronto si tenía hambre y deseaba comer.
          Pasaron los años, y supongo, que Él seguiría con la duda de si me daría algún día suficiente hambre para decidirme a comer en lugar de hablar de comida. O era la confianza de que no importaba cuánto pudiese saber de comida, mi deseo de que la gente y Él lo supiese, antes o después el hambre me llevaría a pensar en comer, dejando de vivir en el mundo de las recetas.
          No sé si habré sentido esa hambre y habré comido, nunca me dijo que: “Te aproveche”, indicando que aunque no lo supiese yo finalmente lo había hecho.
          Lo que al menos trato de hacer, es escribir recetas experimentales, que lo de experimentales tampoco lo tengo claro. Pero al no haberme dado sus recetas, las mías son experimentos, porque si he comido no tengo necesidad de mirarlas. Si no he comido, no tengo tiempo de leerlas.
          Cuanta paciencia la del Maestro, esperar eternamente a que echado en sus brazos un discípulo le hable de comer, confiado en que cocinará y comerá por él.
          Afortunadamente, mi Maestro sí lo era y Compasivamente, me dejó hablar de recetas y comidas, en la seguridad de que inexorablemente el hambre vendría.
          No sé si habré comido, escribo recetas, no sé si alguien cocinará, si alguien comerá, poco a poco, luchando por no saber si hay hambre.



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