La Vida nos da cuanto necesitamos, produce todo lo
necesario, porque ella Es cuanto existe en la Existencia o la Inexistencia, en
la Vida y la Muerte. Nunca hay residuos, nunca sobra nada, nunca hay
excrementos, nunca hay mierda, porque todo cuanto hay es Vida.
Quizás es porque cada uno usa lo que le sobra a los demás,
no por deseo o hacer lo correcto, sino porque es la única opción que tenemos. Los
demás, el resto del Universo usa aquello que nos sobra o no usamos nosotros.
Esto tan simple es lo que permite que todo permanezca
eternamente en equilibrio: “Sin falta, ni exceso”.
Pero cuando el fiel de la balanza está en equilibrio, nos
parece que este ha sido conseguido aportando algo de un color o forma, que
desentona con el resto de las pesas. Razón por la cual, lo retiramos, creando
el desequilibrio imposible de ser manifestado por la Vida.
Hemos creado el desequilibrio, generalmente al separar el
bien del mal, o al separar cualquier forma de percibir la Verdad.
La Verdad o Realidad, no se manifiesta en lo que vemos o
percibimos por los sentidos, que es una verdad o realidad condicionada, pero
que no expresa algo que pueda escribirse con mayúsculas.
Los egipcios, decían que la Verdad del Rostro de Isis,
estaba oculto por un velo, que quien lo retiraba solamente veía la muerte y su desaparición
o muerte.
Los griegos y las filosofías nacidas de ellos, la buscaban
en el conocimiento y la experimentación y búsqueda de saber qué es lo que
compone una individualidad. Que tampoco puede conocer o ver, encontrar o
conocer, la Verdad o la Realidad.
Si me preguntase a mí mismo, dónde buscaría la Verdad y la
Realidad de las Individualidades, mi respuesta sería: “En la Ignorancia del
Vacío”.
Ese lugar donde existiendo todo, es imposible tener conciencia
o ser conscientes de la existencia de algo.
Nos asusta y tememos ese Vacío, que no es el de un
recipiente que no contiene algo, sino en el que puede existir el recipiente de
Todo. A lo que llamamos: Universo, Todo, Vida o Dios, que es solamente el
recipiente donde existimos. Mientras que el recipiente, es la Ignorancia del
Vacío.
Es en esa Ignorancia, en la que Todo es, en su
Individualidad, lo que Es.
Y esa Ignorancia de Ser, impide al mismo tiempo que pueda
percibir otra individualidad, que exista. No porque no estén o sean, sino
porque Siendo lo que se Es, lo único posible es la Ignorancia de la propia
Existencia.
Es entonces cuando todo esta al Servicio de todo, cuando
cada individualidad Sirve al Todo, cuando queda: la Existencia, el Amor, el
Todo, la Individualidad, pero no se producen deshechos, nada sobra o falta,
porque es la manifestación de la Nada en un Vacío, que Ignora el Sí Mismo.
La enfermedad, equilibra nuestra manifestación, como individualidad
y como Individualidad. Es ese algo que equilibra las condiciones y
circunstancias en que nos manifestamos, que no nos gusta y que nos lleva a
crear un desequilibrio, que difícilmente podremos reequilibrar.
Dicen los científicos que el ADN y algunas manifestaciones,
se relacionan fuera del tiempo y el espacio, en un aquí y ahora.
Lo que debería hacernos pensar, si nuestras acciones o
inacciones, no serán reflejadas en los éteres y manifestación de lo que crea
las condiciones y circunstancias, en las que manifestamos nuestro vivir, sin
que tengan que pasar los millones de años luz, que nos separan de otras partes
de nuestro Ser.
Destruir o ignorar lo que crea el desequilibrio, no es el
camino que aconseja Buda para la erradicación del sufrimiento, en la que no habla
de Bien y Mal en oposición, sino de la Correpción en el uso de nuestra Verdad y
las condiciones y circunstancias en las que nos manifestamos.
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