Mirando
alrededor, podemos apreciar la gran variedad de ejemplos que demuestran lo
lejos que estamos de la condición humana, esa que se presupone que tenemos y
pocas veces demostramos o tan siquiera mostramos el mínimo conocimiento de su
significado.
Los
extremismos: religiosos, políticos, sociales, personales, nacionalistas
excluyentes, individuales y colectivos, son casi nuestro despertar diario,
nuestro acompañante constante, casi una vestimenta que le da color y forma a
nuestro exterior y una caja que oprime nuestro corazón y excluye la humanidad.


















